Internet, y en especial las redes sociales que viven dentro, están llevando a la civilización al colapso. O eso es lo que nos cuentan: la polarización social, la epidemia de 'fake news' (noticias falsas), el ascenso de peligrosos populistas desde Duterte a Trump, la pujanza de movimientos políticos aislacionistas como el Brexit o independentistas como Catalunya, todo se achaca a la preponderancia en las redes de sitios como Facebook, del que se especula incluso pueda modificar elecciones e instaurar una era oscura de trolls y griterío. Los jóvenes (siempre los jóvenes) están en especial peligro teniendo que sortear esos peligrosos años de la adolescencia y primera juventud en este panorama de caos y maledicencia. Y es cierto que la tensión social existe, y que se están haciendo visibles cosas desagradables que quizá antes no se veían tanto, y que nuestras instituciones y estructuras sociales parecen ser menos resistentes a determinados tipos de manipulación de lo que pensábamos. También es cierto que toda esta compleja situación coincide con la invención y extensión de las redes sociales y su conversión en uno de los principales usos de la Red.

Pero las cosas, ay, nunca son tan sencillas. El problema, quizá, no sean las redes sociales, sino nosotros: primates sociales capaces de relacionarnos entre nosotros de modos y mediante estructuras difíciles de imaginar y mucho. Los humanos nos caracterizamos por la complejidad de las relaciones entre individuos que somos capaces de crear en distintas situaciones. No es lo mismo un amigo que una BFF que un follamigo, como no es lo mismo una cuadrilla de poteo que una cofradía que una escola de samba o una chirigota. Una pandilla de amigos adolescentes puede organizarse para construir una cabaña en el bosque, pero está muy lejos de la capacidad de una empresa multinacional para construir una presa. La riqueza y variedad de las formas humanas de organizarse en grupos es tan ilimitada como las funciones para las que esos grupos sirven: esta capacidad de reorganización y coordinación es una de las mayores riquezas de la Humanidad y la que hace que seamos capaces de las mayores maravillas (y, también, de los mayores horrores). Para sociales, nosotros.

Las redes sociales como Facebook se han convertido en gigantescas y muy ricas empresas sirviendo como vehículo para algunas (probablemente muy pocas) de estas interacciones. Tan intensa es el ansia de los humanos por conectar y tan sencillo es ampliar el círculo de conexiones que estas herramientas, siquiera toscas, han sido recibidas con frenesí y se usan con abandono. En el proceso de adopción y aprendizaje de su uso quizá hayan amplificado cosas que ya estaban allí: los trolls existían antes de Internet, como los abusones de patio de colegio, los machistas, las trolas noticiosas o los partidos políticos extremos, pero ahora son más ruidosos y más visibles. También generan mayor oposición y permiten denunciarlos y desenmascararlos. La sociedad, nosotros, aprende a digerir las novedades y a utilizarlas para su propio beneficio.

La sociedad aprende a digerir las novedades y a utilizarlas para su propio beneficio

Un ejemplo: según «https://www.theverge.com/2017/12/28/16795090/internet-community-2017-post-mortem-tumblr-amino-drip-tinyletter» un estudio realizado en los EE UU entre jóvenes, las grandes redes sociales (Facebook, Instagram, Tumblr, etc) se están viendo no suplantadas, sino complementadas por otras redes mucho más minoritarias y por el uso de perfiles anónimos desvinculados de la identidad principal. Los adolescentes no están en una sola red sino en varias en paralelo, en algunas con su propia identidad (o una reconocible para los participantes) y en otras anonimizados, interactuando de modo cruzado. Las grandes estructuras ya no sirven, porque no todas las facetas de la personalidad pueden estar juntas y quizá no todos los grupos de amigos y relaciones es aceptable que estén conectados. No se puede decir lo mismo cuando todos saben quién eres que cuando estás protegido por el anonimato; no se pueden revelar los mismos gustos y pasiones cuando es público que cuando es secreto. Los más jóvenes están trasladando a la Red las complicaciones de su vida social e incluso creando nuevas complicaciones usando las nuevas herramientas. Porque el problema, y la ventaja, de las redes sociales no son ellas: somos nosotros.