Es legítimo que el taxi se defienda de la libre competencia y es normal el miedo a la novedad. Pero ni son los primeros, ni los únicos.

Todos los sectores hemos afrontado los cambios con mayor o menor fortuna. Por ello cuesta entender la violencia y el colapso; y aún más a los políticos que se aprovechan de una protesta golosa en año electoral. No todo vale.

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