La foto que todos hemos visto de cómo, más o menos, terminó la reunión del G7 es la de una Angela Merkel seria, esperando una respuesta de Trump, con las manos apoyadas sobre la mesa y el cuerpo levemente vencido hacia delante, exigiendo con su lenguaje corporal un compromiso del presidente norteamericano.

Le mira fíjamente a los ojos mientras él, sentado en una silla, de brazos cruzados y rodeado por el resto de dirigentes y ayudantes, le mira con una media sonrisa. El gesto de Trump es un tanto burlesco, parece que se lo está pasando incluso bien, que lo que le estuviera diciendo en ese momento Angela Merkel hasta le hacía gracia pero en absoluto estaba dispuesto a firmar o rectificar.

Es una foto pero dice tanto del momento y de lo que pasó ahí que ha sido en realidad la foto no oficial de una reunión que terminó como el rosario de la aurora. Enseguida se hizo viral y muchos aplaudieron la decisión de Merkel de plantar cara al todo poderoso, inconsistente, caprichoso y desquiciante Donald Trump.

Una foto que ha ayudado a consolidar la posición de la alemana y que el resto de delegaciones se ha apresurado a contrarrestar. ¿Cómo? Pues publicando ese mismo momento pero desde otra perspectiva. Son 4 fotos, una tomada por el equipo de Merkel, la otra por el del italiano Conte, la tercera por los franceses, con un Macron activamente combativo contra Trump, y la última por el equipo del presidente norteamericano. Se lo pueden imaginar. En cada foto, el que mejor queda, es el que encargó la instantánea. Obvio.

En política tan importante es tomar decisiones, como comunicarlas. Que tus votantes sepan lo que has hecho. Y desde siempre, no sólo ahora en la era de las redes sociales, la mejor herramienta ha sido y es una foto. El equipo de Merkel estuvo rápido y seguramente más de un jefe de comunicación se tiró de los pelos cuando vio cómo, en minutos, la foto estaba en las portadas de todos los periódicos. Allí también estaban Shinzo Abe, Macron, Theresa May. Pero nadie lo recuerda. Sólo a ella marcándo el terreno a un caprichoso e irreverente Trump.

Al margen de las fotos sabemos que la reunión fue deprimente, que la actitud de Trump efectivamente desquició a sus socios y que no está dispuesto a rectificar su política de aranceles. Para Trump la reunión de Canadá era un mero trámite. No tenía ganas de prolongar mucho más esa cumbre que desde antes de comenzar ya intentó reventar pidiendo que se invitara de nuevo a Rusia.

Trump tenía en la cabeza otra foto, la que lleva buscando tiempo, la que le haga pasar a la historia: está convencido de que puede ser la de su reunión con Kim Jong-un. No sé si le habrá hecho mucha gracia a Trump que unas horas antes, la imagen más compartida en China fuera la de una viñeta con una trona de bebé con la bandera de Estados Unidos junto a la mesa en la que supuestamente se celebró la reunión del G7-.