Al presbítero Valentín lo hicieron santo por sus casamientos clandestinos de soldados romanos. Dice la leyenda que eso le costó la vida un 14 de febrero. Hoy, si alguien se olvida del santoral, puede tener un disgusto con su pareja. Pero ya se encargan de recordarlo los grandes almacenes, que junto a joyeros y hosteleros son los más devotos de San Valentín. ¡Qué bonito es el amor!