Hay alcaloides que provocan alteraciones profundas en la vista, el oído y hasta en la percepción del tiempo y el espacio. El efecto lisérgico por la ingestión accidental o deliberada de alguna sustancia de este tipo conformaría la hipótesis más piadosa de lo manifestado por el presidente de la Generalitat en un tabloide catalán bajo el pomposo título "Como un solo pueblo contra el fascismo". En su disparatado panfleto, Quim Torra dice librar un combate democrático contra la mentira, el engaño y la tergiversación que, parafraseando a Rob Riemen, forman parte —dice— de la naturaleza del fascismo. Añade, sin pudor alguno, que el lenguaje es poder y que quien lo controla o manipula puede cambiar la percepción de la realidad.

Casi no puedo imaginar una definición más acertada de su propio proceder y de cómo los independentistas radicales, desde el poder político ejercido de forma totalitaria, han mentido como bellacos, manejado con descaro los medios públicos y comprado voluntades en los privados hasta conducir a amplias capas de la sociedad catalana a una realidad paralela delirante que solo ellos reconocen. Baste reseñar, como ejemplo más reciente y jocoso, los patéticos desvelos del llamado Institut Nova Historia que estos días, y con el apoyo económico del Ayuntamiento de Montblanc, de tinte soberanista, se esfuerzan una vez más en demostrar que Colón, Miguel de Cervantes e Incluso Santa Teresa de Ávila eran catalanes. Puede haber una forma mas estúpida y ridícula de perder el tiempo y tirar el dinero público pero hay que empeñarse mucho en encontrarla.

Se extiende el señor Torra en su magistral libelo magnificando los brotes de violencia sufridos por activistas que reclaman la libertad de los políticos encarcelados y el retorno de los fugados, a los que él denomina exiliados. Es obvio que ningún acto violento es justificable, pero sorprende lo fina que tiene la piel el president cuando alguien molesta al activismo separatista mientras los autodenominados Comités de Defensa de la República actúan como auténticos "camisas pardas" del separatismo sin que oigamos de su boca el menor reproche. Eso no le parece fascismo, ni tampoco el que haya gente instalada en la "omertá" sin poder expresar sus ideas contrarias a la segregación, por temor a ser señalados y marginados socialmente, o el que profesores fanáticos humillaran a hijos de guardias civiles ante sus compañeros de clase.

El adoctrinamiento en favor del pensamiento único es la constante del soberanismo extremo que hoy representa Quim Torra. Un personaje cuyas reflexiones en libros, mensajes y distintos escritos describen a las claras el perfil de un xenófobo y racista furibundo cargado de rencores y complejos. Este es el político que, ignorando la existencia de la mayoría de los catalanes que rechazan la segregación de España, se permite reclamar en su columna la unidad de todo el pueblo contra el fascismo cuando lo más parecido al fascismo que hay en Cataluña es él. No cabe mayor desfachatez.