La crónica del treintañero: 'Guía para andar rápido como Rajoy'

CARLOS G.MIRANDA. ESCRITOR
Carlos G. Miranda, colaborador de 20minutos.
Carlos G. Miranda, colaborador de 20minutos.
JORGE PARÍS

El mes pasado me pegué una buena leche con uno de los millones de bolardos que decoran las aceras de Madrid. La rodilla se me puso como una sandía, así que acabé en el médico que me colocó unas tiras de esas de colores y me prometió que sobreviviría. Eso sí, me prohibió por una temporada hacer cualquier deporte en el que las articulaciones sufrieran, especialmente correr. No es que yo sea un loco del running, aunque de vez en cuando me calzo las zapatillas para mantenerme en forma. Además, que este verano han abierto al lado de mi casa una hamburguesería, así que la inflamación de la rodilla bajaba al mismo tiempo que subía mi talla de pantalón. Consulté con el médico qué ejercicio podía hacer para frenarlo y me ofreció una alternativa con la que seguro me mantendría en forma: el Power Walking. También se conoce como Smart Walking, aunque a todos nos resulta más familiar llamarlo "Andar rápido como Rajoy".

El Power Walking consiste en caminar-casi-como-si-corrieras-pero-sin llegar-a-hacerlo-aunque-tampoco-es-que-vayas-andando, tiene tantos beneficios como el running y menos riesgos. Para empezar, las articulaciones sufren menor impacto, que uno de los pies siempre está en contacto con el suelo. Además, andar rápido ayuda a quemar las grasas que utilizas como combustible mientras lo haces, así que sirve para bajar peso. También facilita el control de la tensión arterial, mejora la circulación, retrasa la osteoporosis, previene la diabetes y el colesterol, tonifica... Aunque parece un deporte para abuelos, hay estudios que dicen que casi te puedes volver un superhéroe con lo de andar rápido. A mí me parecía difícil (para muestra, Rajoy), pero me lancé a probarlo durante una semana, para desmontar mitos. Estas son mis conclusiones:

1. Caminar rápido correctamente no es tan fácil. Para nada. Hay que empezar por pillar la postura, que está al nivel de la de los maniquís de Zara. Hombros atrás, pecho arriba y espalda erguida (no vale encorvarse para pillar más impulso). Como pierdas la posición, sobrecargas las cervicales y las lumbares (me pasó, claro). Además, tienes que mantener la mirada al frente y el abdomen contraído, cosa que me recordó a cuando fui a una clase de Pilates en la que me decían que moviera el suelo pélvico y yo era incapaz de encontrarlo. Los pies hay que levantarlos lo justo y si no aciertas te duelen los músculos de las tibias, que son esos que antes de ponerte a andar rápido no sabías que tenías. Y luego está lo de los brazos en ángulo recto, que no vale cruzarlos por delante del cuerpo para mirar el móvil (no es buena idea jugar al Pokémon Go durante la caminata). Como te pases con la energía en el braceo, al día siguiente no puedes levantar la taza del café. Ya que no puedes perder la postura, lo ideal es hacer paradas para relajar y evitar lesiones, pero pensé que eso sería para los de la edad de Mariano y que los jóvenes podríamos ir del tirón. Ja.

2. Aguantar a buen ritmo es jodido. Esto no es como salir a ver escaparates, ni medio correr cuando llegas tarde a trabajar; en el power walking hay que dar pasos con intensidad y ritmo durante un buen rato. Para los que empiezan, está bien arrancar con una sesión diaria de 20 minutos y luego ir aumentando con la práctica hasta llegar a los 45-60. Se supone que una buena media es hacer seis o siete kilómetros a la hora, pero yo pensé que si alguien como Mariano se echaba los fines de semana sus dos horas de caminata, con mi edad podía empezar por ahí. Me equivoqué, claro, tanto como con lo de arrancar a todo ritmo, agotar pronto las energías y acabar llevando una especie de trote cochiquero. Y luego está el problema de dónde practicar, que Madrid no está preparada para los que anda rápido. Acabé decantándome por Madrid Río porque en el Retiro fue casi imposible, que está lleno de corredores y eso de que todos vayan más rápido que tú agobia. Además, que me encontré con alguna risita a mi paso de las de "Mira, como Rajoy". Muchos millones de votantes, pero aplausos no me dieron ninguno...

3. Andar rápido tú solo es un coñazo. Igual que correr, la verdad, aunque al menos con eso sudaba más... La opción de amenizar el trayecto con música estaba descartada, que tengo la clavija de los cascos del móvil rota, así que el objetivo era encontrar compañía con la que compartir afición. Ya se sabe que practicar cualquier deporte es una oportunidad de socializar y estaba convencido de que en compañía lo disfrutaría mucho más. Tengo un par de amigos con los que suelo salir a correr, así que les propuse que cambiaran conmigo de modalidad por unos días. Me dijeron que sin problema, pero cuando cumpliéramos la edad de nuestros padres. No fue fácil encontrar colega de caminatas, pero lo conseguí después de agotar la lista de contactos de whatsapp. Se apuntó Eli, un amigo que es de los que creen que sólo hay que correr si te persiguen. El problema es que si vas con alguien al lado, no puedes girar la cabeza para hablar, que la mirada siempre tiene que estar mirando al frente, así que nos pasamos el rato con la boca torcida y el rabillo del ojo estirado. Además, al día siguiente Eli me dijo que no podía ni levantarse de las agujetas y se rajó.

4. Provoca agujetas de las buenas. Quizás no habría tenido tantas si hubiera hecho un calentamiento previo (como estaba en buena forma física, pasé). Antes de caminar rápido hay que empezar por hacerlo en el sitio, dar círculos con los brazos y la cadera, hacer sentadillas, estirar los talones y la espalda; al cerrar la caminata hay que pegarse una buena sesión de estiramientos. También es importante hidratarse, antes y durante, aunque en uno de mis movimientos energéticos con los brazos se me escapó la botella de agua y estuve a punto de abrirle la cabeza a un abuelo, así que decidí dejar de llevarla. De ropa sí que iba bien equipado, la misma que la de salir a correr, aunque unas de esas zapatillas de suela acolchada que la gente se pone para salir a tomar copas creo que no me habrían venido mal, que lo peor es el dolor de pies. Como no estás corriendo, pero tampoco andando, la flexión de la punta como que se te queda ahí, a medio camino. Además, cuanto más aceleraba el paso, más tiesas llevaba las piernas, rollo muñeco sin articular. Conclusión: agujetas de las buenas. A mí me cuentan que después de una sesión de Power Walking me tengo que ir a investir, y les digo que vaya Rita. Bueno, justo esa no.

5. Ayuda a dejar la mente en blanco. Mi médico me dijo que con el Smart walking se liberan hormonas que influyen en el estado de ánimo, como la dopamina, que es la que hace que te enganche (he pedido unos análisis para ver si yo de esa no tengo mucho). También se sueltan endorfinas de las que reducen el estrés (igual tardan en salir hasta que pillas la postura) y serotonina, que es buena para el insomnio, pero en el mes de agosto no funciona muy bien. Además, como todos los deportes, andar rápido despeja la mente y ayuda a pensar con claridad. Es ideal para echar un ojo a los problemas que tiene uno por ahí y, mientras caminas, reflexionar sobre ellos y buscar soluciones. También puede pasar que de estar tan concentrado en los pasos, se te quede la mente en blanco. Puede que ya ni veas a la gente que pasa a tu lado, se te ensordezcan los oídos y ni escuches lo que te están diciendo. No sé, quizás eso es lo que le pasa a Rajoy cuando camina rápido y de tanto que lo hace el efecto ya es permanente.

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