Cada vez entiendo menos a este país. Dicen que España es la nación más fuerte del mundo porque tras siglos tratando de autodestruirse sigue viva, una frase que se le atribuye a Bismarck, que al parecer no pronunció; y resulta que va a ser verdad.

A los hechos me remito: llevamos tres elecciones generales en tres años, con moción de censura incluida, y vamos camino de las cuartas; pitamos nuestro himno; quemamos la bandera; arremetemos contra nuestras autonomías, unos porque no queremos estar dentro de ella y otros porque nos queremos salir, con ella incluida, de España; y cuando a un español le dan un desplante, en lugar de defenderle le atacamos. En fin...

El último ejemplo lo vivimos en la reunión del G20 ante un gesto de Trump hacia Sánchez de dudosa interpretación, con el que le invitaba a sentarse. Desconozco si fue una descortesía o una broma, pero lo que sí sé es que en caso de que hubiera sido lo primero, deberíamos haber cerrado filas en torno a Sánchez y pedir explicaciones a Trump.

Entiendo que se le criticara a Zapatero cuando estaba en la oposición y en el desfile militar del Día de la Hispanidad se quedó sentado al paso de la bandera de EE UU, en un gesto que le costó años enmendar cuando estaba en el Gobierno; pero no a Sánchez.

A uno le podrá gustar más o menos como presidente, pero su actitud en Osaka fue irreprochable con Trump, con el heredero de Arabia Saudí y con todo el que se le puso por delante, no en vano representaba los intereses de España.

Y dicho esto, a ver si nos ponemos de acuerdo para formar gobierno, porque a este paso no vamos a ganar para tantas elecciones ni para tanto iPad para regalar en el Congreso.