Pacto de Estado contra la Violencia de Género: un compromiso de país

David Lafuente Durán Subdirector General del InjuveOPINIÓN
Imagen recurso de violencia de género
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JUNTA - Archivo

En diciembre de 2019 visité Sochi (Rusia). Era una conferencia en el marco del Consejo de Europa entorno a la Presencia de la mujer en los puestos de decisión política. Fueron dos días de análisis y me tocaba intervenir en la sesión previa al cierre. Cambié mi discurso. Me reconocí feminista, nada fuera de lo normal de no ser porque algunos siguen sin entender que reafirmarse como tal significa, simplemente, creer en la igualdad entre mujeres y hombres. Me confesé orgulloso de mi país, España.

No somos la primera economía del mundo, tenemos margen de mejora en buena parte de nuestras políticas públicas, pero me siento orgulloso de mi país, una sociedad que, pese a las diferencias, ha sabido gestar entorno a la desigualdad más deleznable entre mujeres y hombres un Pacto de Estado contra la Violencia de Género. No fue fácil, pero nuestro país, nuestros políticos, nuestra sociedad, fue capaz de unirse y alcanzar esos puntos de encuentro.

"Podemos sentirnos orgullosos de que la lucha contra la violencia de género gravita sobre un gran Pacto de Estado"

Quizá no somos conscientes, pero la existencia de este Pacto de Estado, referente indiscutible en el ámbito internacional, es una anomalía en la historia de nuestra democracia. A los Pactos preconstitucionales de la Moncloa (1977), podemos sumar los autonómicos de 1981 y 1992, los de Toledo (1995), el de la Ciencia (2004) y el Antiyihadista (2015). Simplemente seis Pactos de Estado en nuestros 42 años de Constitución.

Era 2017 y el Pacto de Estado, colorario de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, fue aprobado con los votos favorables de todas y cada una de las formaciones políticas en el Senado y sin ningún voto en contra en el Congreso. 214 medidas aprobadas por el Congreso y 267 por el Senado, dotadas con un incremento de mil millones de euros durante los siguientes cinco años. Un Pacto para el que se propusieron acciones y medios.

"Es hora de recordar, de demostrarnos, que los Pactos sobre lo que de verdad importa son posibles"

Un Pacto refrendado no solo a nivel político, sino también a nivel territorial, pues comunidades autónomas y la FEMP se sumaron en el seno de la Conferencia Sectorial de Igualdad y a nivel social, cuando en diciembre de ese 2017 se incorporaron todas las entidades integrantes del Pleno del Observatorio Estatal de Violencia sobre la Mujer. Un compromiso de país y de sociedad del que sentirnos orgullosos.

En un contexto como el actual, donde la crispación y los desencuentros políticos parecen emerger más de lo que algunos desearíamos, es hora de recordar, de demostrarnos, que los Pactos sobre lo que de verdad importa son posibles. Que podemos sentirnos orgullosos de que la lucha contra la violencia de género gravita sobre la existencia de un gran Pacto de Estado y que los retrocesos no son posibles cuando son las vidas humanas las que están en juego.

El Pacto constituye, a día de hoy, uno de los mayores éxitos de la historia de nuestra democracia.

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