El arquitecto y profesor de la Universidad de Sevilla (US) Ricardo Sierra desvela en su libro 'Diego de Siloé y la nueva fábrica de la Sacristía Mayor de la Catedral de Sevilla', que dicho proyecto de la seo hispalense —iniciado sobre el año 1535 y finalizado en 1543— pertenece a Diego de Siloé y no a Diego de Riaño, ni Martín de Gainza, por la relación con la arquitectura de la Catedral de Granada y la Sacra Capilla de El Salvador de Úbeda (Jaén), ambas de De Siloé.

En una entrevista concedida a Europa Press, Sierra sostiene que la Sacristía está "mucho más vinculada" a Diego de Siloé, que trabaja en la catedral de Granada por encargo directo de Carlos V. Así, detalla, "existen contactos entre De Siloé y el Cabildo de la Catedral de Sevilla, que lo invita a la ciudad en febrero de 1535 y le propone que se haga cargo de las obras catedralicias, además de aumentarle el sueldo; mientras, el arquitecto viajó a la ciudad en abril de 1535, pero no aceptó el cargo y después de 15 días, regresó a Granada para continuar las obras de la Catedral de una envergadura tremenda y que empezó en 1528".

De esta manera, admitiendo la vinculación de Diego de Siloé a través de las cartas con el Cabildo, "se afianza la idea de que hay un vínculo documental entre Diego y el Cabildo y otro vínculo en lo formal entre el edificio sevillano y el granadino, así como con la Sacra Capilla de El Salvador de Úbeda", manifiesta Sierra, quien en todo momento aclara su punto de vista como arquitecto y no como historiador.

Para el autor de la investigación, "todas las hipótesis corrigen la génesis constructiva del edificio", por lo tanto establece que el edificio fue proyectado por Diego de Siloé tras ser invitado a Sevilla, e "incluso a lo mejor fue proyectado en Granada y dejó los planos en Sevilla cuando viajó en abril para cobrar y se marchó".

Tras ello, según Sierra, el proyecto quedó en manos de los operarios de la Catedral, que "empezarían la construcción en 1535 con Martín de Gainza al mando de las obras como maestro mayor de la Catedral después de haber fracasado la tentativa de Diego de Siloé". Además, la obra se realizará "coincidiendo con la situación de bonanza de las arcas del Cabildo que permitió concluirlas en 1543", agrega el profesor de la US, tras lo que insiste en que "el proyecto de Diego quedó depositado en Sevilla y fue retomado por la mano de operarios que tenían una cultura un tanto arcaizada, son tardo góticos y más bien artesanos que arquitectos".

Este "cúmulo de circunstancias" tanto documentales como formales son "determinantes", a juicio del autor, quien reflexiona en el problema de penetración del Renacimiento arquitectónico en Sevilla y cómo el Cabildo de la Catedral "por esos años quiso ponerse a la vanguardia de la nueva arquitectura", porque, añade, "Granada era renacentista y Sevilla gótica".

El papel "inconcebible" de diego de riaño

Por otra parte, Ricardo Sierra argumenta que Diego de Riaño influye en la Catedral, pero "su obra pertenece al último gótico, él es cantero y no arquitecto", por lo que "no creo que tuviese ninguna formación". Así, el investigador no entiende "cómo la historiografía explica que De Riaño realizase la Sacristía de los Cálices de la seo sevillana y fuese simultáneamente autor de la Sacristía Mayor".

En este sentido, manifiesta que es "inconcebible cómo el autor puede utilizar un lenguaje torpe y arcaizado en una obra y hacer un lenguaje completamente distinto en la otra, que implica unos conocimientos muy densos y que De Riaño no pudo asumir bajo ninguno punto de vista".

Así, tras defender que Diego de Siloé es "el primer arquitecto de verdad en el contexto español por su influencia italiana, mientras que la gente de Sevilla eran canteros", a Sierra el tema de las fechas de construcción no le preocupa, "sí me preocupa la analogía formal con Granada, puesto que si no fue Diego de Siloé el autor del proyecto sevillano, fue una persona que estaba al tanto de lo que se hacía en Granada en una época en la que las comunicaciones eran muy difíciles", por lo que "es muy raro que no fuera De Siloé".

En cuanto a la estructura de la Sacristía Mayor, Sierra explica que como consecuencia de la marcha del arquitecto burgalés, "la obra de alguna manera sufre una distorsión, una contaminación, y aparecen contradicciones y torpezas en la ejecución". De este modo, "los mayores errores estarán localizados en la finalización del sistema de cubiertas, en el conjunto de volúmenes de la cúpula, que es ensuciada con pináculos y arbotantes, y no tiene nada que ver con las cúpulas italianas del momento", hecho que Sierra justifica aludiendo a que "los operarios en Sevilla no asumían aún el valor de hito urbano como en Italia".

Así, relata que la capital hispalense a principios del siglo XVI mantenía todavía "un tejido urbano con una estructura tardoislámica y la calle surge como residuo de los edificios, produciéndose un urbanismo desordenado y de calles tortuosas".

Es por ello que el edificio de la Sacristía está "más cuidado por dentro que por fuera y la parte de arriba está acabada de manera muy inocente, sin preocuparse para nada en la terminación y sin pensar que la ciudad cambiaría con los años", indica Sierra, quien cree que "la presencia exterior debería haberse tenido más en cuenta, pero como en la época no era problema el acabado y la fachada de los edificios, es una manera lógica de terminación".

La catedral "desconocida sobre todo por dentro"

Según postula Ricardo Sierra, la Catedral de Sevilla y en concreto la Sacristía Mayor es "un edificio gran desconocido para los propios sevillanos, sobre todo por dentro", hecho que argumenta refiriéndose a que "en la época de construcción se cuidaban sobre todo los edificios por dentro con el ornato de interiores y es mucho más interesante desde dentro que desde fuera".

No en vano, "la Sacristía como pieza del primer Renacimiento es de las sacristías más interesantes de España tanto en tamaño como estructura constructiva y no tiene competencia", señala Sierra, al tiempo que dice que se trata de "una pieza de bastante interés y desconocida desde el punto de vista historiográfico".

A raíz de ello, mantiene que la versión historiográfica tradicional está "montada en las escasas y contradictorias noticias y documentos que se conservan, ofreciendo conclusiones que pueden ser discutibles, como la autoría o la fecha de construcción, bastante dudosas".

Tras publicar su libro, el autor destaca que su trabajo recoge "un planteamiento abierto, no cerrado" y admite "todo tipo de críticas, puesto que yo ya soy autocrítico conmigo mismo y me he fijado poder contribuir a dar una visión e interpretación nueva desde los conocimientos como arquitecto".

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