M. Night Shyamalan
Nació en la India en 1970, pero se crió en Filadelfia, EE UU. Está casado y tiene dos hijos. Fue candidato a dos Oscar por 'El sexto sentido'. ARCHIVO

Hace no mucho tiempo, entrevistar a este simpatiquísimo cineasta habría supuesto un acontecimiento: fue considerado el heredero de Hitchcock, el nuevo Spielberg, el cineasta más prometedor de Hollywood. Pero en el hiperbólico mundo del cine, Shyamalan es ahora, casi, un paria. Pese a ello sigue dirigiendo y, en este caso, apadrinando películas: ahora se trata de La trampa del mal, un título de terror que narra las peripecias de cinco personas atrapadas en un ascensor. Entre ellas, además, está el diablo...

Dice el cartel del filme: "De la mente de M. Night Shyamalan". ¿Qué significa eso?
Que no he dirigido la película, pero el concepto y la historia sí son míos. Quise poner que la producía, pero a estas alturas eso ya no dice nada: cualquier película tiene 85 productores. Lo que refleja esa cita es que no solo participé con mi nombre, sino que desde el principio soy parte del proyecto.

¿Haciendo qué, exactamente?
La idea inicial es mía. Después colaboré con los guionistas para pulir situaciones y desarrollar personajes. Participé en la elección de los actores. Y mientras la película se rodaba, me enviaban todo el material para que diera mi visto bueno.

¿Por qué no la dirigió?
Porque tengo cuadernos llenos de historias, pero no tiempo de rodarlas. También me ocurre otra cosa: empiezo a poner un proyecto en marcha y, como puede pasar mucho tiempo desde que lo escribí, siento que yo he cambiado y no soy el más adecuado para dirigirlo... Me pasó con El protegido: tuve que hacerla en ese instante, a toda prisa, porque era muy personal. Reflejaba cómo me sentía entonces, mi incapacidad para hallar mi lugar en el mundo. Un año después, no la habría hecho. Tengo tantas historias en la cabeza que no tengo tiempo de rodarlas todas

Y por eso La trampa del mal es la primera entrega de una trilogía, The night chronicles, que usted supervisará.
Aún no está todo cerrado, pero ese es el plan: quiero que otros directores hagan realidad mis historias y me ayuden a desarrollar mis visiones. Mi propósito es capturar la esencia de la existencia humana, cómo reaccionamos cuando llegamos a nuestros límites, y mostrar eso no es fácil... ¿Por qué no elegir mis historias favoritas y que otros las conviertan en películas? Así yo puedo tomar más riesgos creativos, diversificar mi trabajo y no emplear un año y medio en algo que otro director podrá hacer tan bien como yo.

¿Y cómo lleva que sea otro quien plasme sus ideas?
En el cine de los setenta había algo que me entusiasmaba: cineastas como Francis Ford Coppola, George Lucas o Steven Spielberg eran amigos íntimos; como hermanos. Por eso se enseñaban sus guiones, se consultaban cosas sobre sus próximas películas... Era, casi, como una comuna. Dirigir es un proceso muy solitario y me encanta poder compartir responsabilidades con otros.

Además, son tiempos de crisis. Esta es una cinta más sencilla y barata que lo que suele llegarnos de EE UU.
Hollywood necesita más cine como este, porque el público tiene hambre de este tipo de historias. Para llegar al público con facilidad no hay por qué gastar siempre una fortuna, y por eso mi corazón está ahora en este tipo de proyectos. Quiero volver al origen de mi carrera, a hacer un cine más simple. Antes tenía la sensación de que, al hacer mi trabajo, estaba casi jugando. Y era una sensación maravillosa.

Sobre todo ahora que la crítica parece estar en su contra.
Sí, y es una situación algo difícil porque te sientes muy indefenso. Antes no lo entendía, pero después de darle muchas vueltas creo que el problema es bastante sencillo: que mi nombre aparezca en el cartel de la película les parece prepotente, arrogante y ofensivo. Si pusiera el nombre de un actor, no habría problema, pero que un director haga lo mismo parece no gustar a los críticos. Así que tengo dos opciones: quitarlo o seguir firmando mis filmes, y de momento prefiero hacer lo segundo.

Buena parte de esas críticas fueron provocadas por Airbender. ¿Completará la saga?
No lo sé: estoy esperando que el estudio me llame con el proyecto y me ofrezca unas fechas. Mientras, me concentraré en otra película. Es un argumento original y será completamente mía.

¿Qué película?
No puedo contar mucho, pero sí puedo adelantar que será ciencia ficción. Amo las cintas de extraterrestres: me crie con un póster de Alien, el octavo pasajero en la habitación, y quiero adentrarme en el género con una película terrorífica, muy emocionante y ambientada en el futuro.

En La trampa del mal, al igual que en otros de sus filmes, la religión está muy vinculada al miedo. ¿Por qué?
Desde el principio de los tiempos, los seres humanos tienen necesidad de sentir miedo. Desde las cavernas, eso nos ayudaba a sobrevivir: los más miedosos solían morir más mayores. Con el tiempo, la religión fue creada para controlar a la gente, y se vio que el miedo era el complemento perfecto. En La trampa del mal me interesaba recuperar temas bíblicos como dios y el diablo, trasladarlos a un espacio tan urbano como un ascensor y un rascacielos y allí, todos juntos, ver qué pasaba.

El cineasta de lo sobrenatural

Para qué engañarnos: desde El sexto sentido Shyamalan no ha vuelto a ser el mismo. Sin embargo, sí que ha insistido en mundos fantásticos y paseos por lo paranormal: ¿por qué esta insistencia? "Me interesa –explica el director–, ver cómo la gente se enfrenta a la muerte, porque creo que eso define muchas veces nuestra relación con el mundo. Es una forma de hablar de la gente, su destino y su vida. Por ejemplo, cuando voy al Museo del Prado me fascina ver cómo los pintores clásicos convertían tragedias religiosas en belleza. Esa forma de observar la fe, el sufrimiento y la muerte me ayuda a abrir mi mente".

Filmografía, ¿un cineasta cuesta abajo?

El sexto sentido (1999). Tercera película y éxito descomunal: la sorprendente relación entre un niño que ve muertos y su psicólogo.

El protegido (2000). Otro thriller sobrenatural protagonizado de nuevo por Bruce Willis. Sorpresas, suspense y éxito.

Señales (2002). El director estaba en la cumbre: cobraba más de 12 millones de euros y seducía a las masas (más de 350 millones de euros recaudados en todo el mundo).

El bosque (2004). La ruptura del romance entre Shyamalan y la crítica empieza a hacerse latente: para muchos, el filme es "una farsa".

El incidente (2008). La cosa fue a peor con esta cinta sin pretensio-nes y con Mark Wahlberg de protagonista.

Airbender (2010). Desastre total:para muchos, la peor película del año pasado.