El IVAM cierra el año con recorrido por la arquitectura de Paolo Riani que bebe del arte y de la realidad

El arquitecto censura "transacciones poco claras" en la arquitectura contemperánea italiana que obedece a intereses políticos y financieros
Paolo Riani junto a Consuelo Císcar y José Mª Lozano
Paolo Riani junto a Consuelo Císcar y José Mª Lozano
IVAM

El Institut Valencià d'Art Modern (IVAM) cierra el año con un recorrido por la obra arquitectónica que el italiano Paolo Riani ha construido a lo largo y ancho del planeta desde Japón hasta Nueva York, pasando por los países árabes, Moscú o su Italia natal. A través de bocetos originales, maquetas y fotografías de su colección personal, muestra 'Un mundo de arquitecturas' que bebe del arte y la literatura, y nace de la "situación real" de cada país y de sus forma de vida.

La exposición, que estará en la Sala 5 del IVAM hasta el 13 de febrero, incluye más de 60 piezas, entre maquetas conservadas en su estado original, bocetos sus obras, dibujos hechos a mano, fotografías que él mismo hizo de sus construcciones, e incluso instantáneas con su familia, ya que es importante ver el ambiente en el que nace uno —en su caso una familia de artistas— porque la arquitectura viene de dentro", ha manifestado Riani en rueda de prensa.

El arquitecto italiano, que este jueves ha estado en Valencia para presentar 'Un mundo de arquitecturas' junto al comisario de la misma, José María Lozano, y la directora del IVAM, Consuelo Císcar, ha descrito su trabajo como una "arquitectura orgánica" que "nace siempre de situaciones reales", de su visión de las "distintas comunidades humanas" y sus "situaciones diversas".

Como él mismo recuerda, desde que nació deseó ser arquitecto y a los 20 años decidió seguir una nube que pasaba por el Mediterráneo y "conocer distintas realidades y formas de vida". Nueva York, Países Árabes o Japón, son solo algunos de los lugares donde ha desarrollado su creatividad y ha querido construir "una arquitectura como escenario adecuado a la vida de los hombres", para hacerles "felices", ha subrayado.

Para Riani, "la arquitectura es una forma especial de arte, una aventura en territorio desconocido, pirata de frontera, humanismo, poesía y debe estar en permanente cambio". En su caso, realiza un "trabajo multiforme que hace incursiones en campos artísticos paralelos, como el dibujo, la literatura o la fotografía capaz de captar en un instante "el amor-odio de las personas", "la humanidad".

"Cada edificio es una lucha" que necesita de "intuición". Así, aunque nunca se ha propuesto crear edificios sostenibles como tales, al final, sus obras "han resultado serlo", ha asegurado.

Según su experiencia, "nacen más edilicios donde la sociedad se transforma". En este sentido, ha evocado sus trabajos en Japón a mediados de los años 60, con "fuertes vectores de transformación", en los Países Árabes en plena "crisis del petróleo", en Moscú, donde hizo el primer edificio occidental durante la primera Perestroica, el la ciudad de Nueva York tras la destrucción de las Torres Gemelas.

Ya de niño vivió una posguerra en la que "había mucho sufrimiento y no teníamos nada", ha recordado, "pero teníamos una gran esperanza y cada día las cosas iban a mejor. Eso permanece en la piel" e intenta reflejarlo en su obra, ha manifestado.

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Por el contrario, ha criticado la arquitectura contemporánea italiana que, a su juicio, "no brilla por su calidad". Según Riani, en Italia "se ha perdido el proceso creativo de la arquitectura" y se construye a raíz de "encargos por razones políticas, no interesa la arquitectura en sí, sino la operación financiera" que se deriva de ella.

Italia es un país construido donde queda poco espacio para hacer y la arquitectura actual "nace de nuevos planes económicos" en los que, además, se llama a profesionales extranjeros para crear. "Es más fácil trabajar en Italia desde Nueva York que desde el mismo país", ha lamentado.

A esto, se suma que la crisis no posibilita la participación de capital privado y se producen "transacciones económicas poco claras" cuyo resultado son "ciudades que no funcionan".

Esto contrasta con los años 50 y 60, con una Italia destruida por la II Guerra Mundial, que tras el fin de la dictadura de Benito Mussolini era un país donde "construir una nueva democracia" y se presentaba la oportunidad de "redescubrir la arquitectura" y "reconstruir con al fuerza del renacimiento". Hasta que en los años 70 las "superestrellas monopolizan la producción del diseño italiano", ha lamentado.

"Cada vez hay menos motivos para ser italiano", ha sentenciado.

Comunidad Valenciana

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