Emma Suárez: "Nunca quise ser la actriz de moda, sino fiel a mí misma"

  • Este viernes estrena 'La mosquitera', por la que ha ganado el Premio a la mejor actriz en el Festival de Valladolid.
  • En la actualidad ensaya una obra de teatro: 'La avería', que dirigirá la también actriz Blanca Portillo.
  • Dice que es "una chica de barrio que aprendió a actuar trabajando".
Nació en Madrid en 1964. Debutó con 14 años en 'Memorias de Leticia Valle'. Ganó el Goya en 1996 con 'El perro del hortelano'. Es madre de dos hijos, de 17 y 5 años.
Nació en Madrid en 1964. Debutó con 14 años en 'Memorias de Leticia Valle'. Ganó el Goya en 1996 con 'El perro del hortelano'. Es madre de dos hijos, de 17 y 5 años.
EFE
Mirándola, uno comprende que hace años fascinara a toda una generación. Ahora, madura, inquieta y todavía muy atractiva, hace balance de su carrera y presenta La mosquitera, en la que encarna a una mujer soñadora atrapada por un presente difícil: su matrimonio es una ruina y no sabe cómo educar a su único hijo.

¿Por qué esta Alicia de La mosquitera?
Porque era muy interesante, un desafío. Tener que hablar en catalán ya era complicado, pero aún más aunar ese estilo directo con la complejidad y matices que exige el personaje. Hacía falta, sobre todo, una actuación muy equilibrada.

¿Cómo es ese personaje?
Una mujer perdida, confundida, que hace todo con las mejores intenciones pero que se equivoca. Eso me produce ternura: es una bomba a punto de estallar, que provoca sonrisas sin carcajadas y pena sin dramatismo. Era agotador, pero soy actriz, me gustan los riesgos, y sin personajes así me quedaría en casa.¿Qué ha aprendido de esta película?
El trabajo de actor es un medio de conocimiento del ser humano. Interpretar otras vidas, componer personajes, te obliga a ser un observador. Por extensión, al conocer a los demás también te conoces a ti mismo, y según sea tu personaje emprendes un tipo de viaje u otro. A veces es más maravilloso, otras menos... El de La mosquitera era sensible, tierno, ingenuo, pero lleno de dolor. No fue agradable, pero era un reto. Era un personaje que merecía la pena ser interpretado, porque representa a mucha gente que vive en la oscuridad y que merece la pena.

¿Cómo construye un personaje así?
Al crear te expones. Abres puertas, huyes de tópicos y comodidas y te dejas sentir, observar, inventar una sensibilidad... Este papel exigía mucho trabajo de estudio, de interiorización en todos los sentidos, de mucha psicología y soledad.

¿Actuar es liberador o claustrofóbico?
Según: en este caso, lo segundo. Aquí lo difícil era no sentirme absorbida, que la angustia estuviese presente pero que no me comiera.

¿Qué sintió al terminar el rodaje?
Una liberación. Si hubiese durado más tiempo, habría entrado en una situación delicada. Tenía verdadera necesidad de volver a la luz, sólo quería terminar y estar, otra vez, conmigo misma.

¿Se puede salir muy tocado de un personaje?
Si te comprometes a hacer ese viaje, lo haces con todas sus consecuencias, pero tienes que tomar precauciones para no salir malherida. El no hacerse daño depende de la profesionalidad y la inteligencia de uno: soy actriz, pero no puedo llevarme personajes a casa. Hay que saber separar, tomar distancia y ser precavido.¿Ve después sus películas?
Me cuesta mucho, porque no sé tomar distancia y siempre me encuentro defectos.

¿Mira hacia atrás?
No, y ahora menos. El tiempo me ha enseñado a vivir el momento: antes lo proclamaba, pero no lo hacía. Ahora sí. Disfruto con lo que hago, y punto.

Empezó con 14 años. ¿Suena muy fuerte, no?
A estas alturas lo fuerte es seguir aquí. Trabajando, haciendo cine y teatro, implicándome en proyectos atractivos y aceptando desafíos. No habiéndome vencido ni acomodado, ni en lo personal ni en lo profesional. No me gusta conformarme.

Habrá pasado momentos difíciles...
Hay momentos, etapas. Siempre me ha acompañado una cierta soledad, porque ni pertenezco a una saga de actores ni me gusta exhibirme en compromisos sociales. Siempre he tratado de ser coherente, hacer las cosas que quería y, sobre todo, ser libre.¿Eso implica renunciar a cosas?
De mi vida, no. Mi vida personal siempre ha sido lo más importantes, así que si he tenido que renunciar a cosas siempre han sido de trabajo.

¿Cómo ha llevado los halagos, la fama?
Empecé muy joven, y siempre me lo he tomado con mucha calma. Soy una chica de barrio, de La Latina, sigo paseando por ahí y es donde mis padres aun viven... Nunca tuve una ambición especial. Ser actriz fue algo casual, y la vocación se ha ido desarrollando paulatinamente. He descubierto lo que era ser actriz trabajando. Nunca he querido ser alguien importante, ni la actriz de moda, sino ser coherente y fiel a mí misma. No me preocupa la fama: creo que es una carga, un trabajo extra. Lo que me interesa de actuar es inventarse otros mundo, participar de otras vidas, crear personajes desde la verdad, y no todo lo demás.

No para de estrenar, rodar y ahora prepara una obra de teatro, La avería. ¿Qué hace cuando no trabaja?
Soy mamá. Tengo dos hijos, de 17 y 5 años, así que estoy bastante entretenida. Además, en este trabajo no paras casi nunca: aunque no se te vea estás leyendo guiones, haciendo entrevistas o preparando proyectos que, luego, a veces ni siquiera salen.BIONació en Madrid en 1964. Rodó su primera película, Memorias de Leticia Valle, con sólo 14 años. Ganó el Goya en 1996 con El perro del hortelano. Ha trabajado en cine, teatro y televisión. Es madre de dos hijos, de 17 y 5 años.
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