Acomodadoras
Laura Cosme y Marian Casals, jefas de sala del Gran Teatre del Liceu (Barcelona). Hugo Fernández

Desempeñan una profesión casi tan antigua como los espectáculos. Una de sus tareas principales consiste en acompañar a los espectadores hasta sus asientos, pero también comprueban las entradas en el acceso al recinto, entregan al público el programa del espectáculo, abren y cierran las puertas...

Los recintos teatrales suelen contar con uno o varios jefes de sala

Hubo un tiempo en el que todos los cines españoles también contaban con acomodadores aunque muchas salas han decidido prescindir de ellos por razones económicas. En los teatros, sin embargo, siguen resultando imprescindibles y por eso forman parte del personal técnico o de servicios de las salas.

Los recintos teatrales suelen contar, además, con uno o varios jefes de sala. Su tarea, como explican Laura y Marian del barcelonés Gran Teatre del Liceu, consiste en comprobar que todo está listo para la función: asegurarse de que el espectador está cómodo, de que el catering está disponible, de que no hay ningún problema de seguridad...

Su relación con el teatro o la ópera, según el caso, va del simple gusto al amor-odio, pasando por todos los matices intermedios. Pero todos coinciden en que su trabajo requiere paciencia, mucha paciencia.

Gran Teatre del Liceu (Barcelona)

<p>Acomodadoras.</p>Laura Cosme, 31 años, y Marian Casals, 37 años. Jefas de sala. Laura y Marian son las dos jefas de sala del Liceu, un coliseo lírico de 2.292 localidades por las que a veces se pagan hasta 160 euros. Su trabajo lo resumen en hacer posible el "asistir a una función, que estés cómodo y nada te moleste" junto a un máximo de 45 acomodadores por sesión. En ocasiones las acusan de "inflexibles", por ejemplo, cuando no dejan entrar después del inicio. Esta norma "costó implantarla tras la reapertura del teatro, porque el público quería seguir con costumbres del pasado", dice Laura. El equipo de acomodadores trabaja por ETT, pero ellas son de plantilla. Entre las situaciones más temibles al acomodar se encuentran con "duplicidades": dos personas con entrada válida para un mismo asiento. "Una de las localidades suele venir de la reventa", explica Marian.

Teatro Fernán Gómez (Madrid)

<p>Acomodadora.</p>Noelia Gómez, 22 años. Diplomada en Magisterio, Noelia prepara oposiciones a Primaria. Desde hace dos meses, además trabaja como acomodadora, para lo que cree que se ha de tener "muchísima paciencia, un poco de motivación para atender bien a la gente y un mínimo de gusto por el teatro". Lo que más le gusta de este trabajo es tratar con gente "superagradable". Dice que quienes mayoritariamente intentan darles propina son, sobre todo, personas mayores. Y ya tiene alguna anécdota que contar, como la de la bolsa que encontraron tras una función: "Por si se la había dejado alguien, miramos por encima para ver el contenido; eran películas X".

Teatro Olympia (Valencia)

<p>Acomodador.</p>Joaquín Hinojosa, 61 años. Jefe de sala. Joaquín lleva 15 años trabajando como jefe de sala en el Olympia, y asegura que el teatro le encanta. Ha vivido allí grandes momentos y otros muy malos: "Hace unos 10 años una espectadora falleció tras un espectáculo de Norma Duval". Además de controlar, también observa y actúa ante los colones, y, según Joaquín, "los mayores también se intentan colar". Con respecto a las propinas, explica que "esa costumbre se ha perdido" y cuenta que antes podía ganar con ellas alrededor de 1.500 pesetas al día.

Teatro español (Madrid)

<p>Acomodador.</p>Alfonso Fajardo, 45 años. Recuerda con emoción la mañana en la que los Príncipes se presentaron sin avisar en una función infantil; al señor de setenta y tantos años que entró "con la lágrima saltada" porque, aunque llevaba 40 años sin ir, encontró el teatro "igual"; y a los espectadores llorando durante una representación de Homebody / Kabul con el monólogo de Vicky Peña. "Te dan ganas de quedarte", dice refiriéndose a la casa en la que lleva cinco años trabajando (tiene otros dos de experiencia). Para este oficio, que compagina con un trabajo en seguridad, cree que hace falta amabilidad y mano izquierda. Las propinas, afirma, las da "la gente mayor aficionada al teatro".

Teatro Cervantes (Málaga)

<p>Acomodadora.</p>Beatriz Maciá, 35 años. Para Beatriz, la paciencia es la cualidad más importante del buen acomodador. Ella lleva ocho años ejerciendo esta profesión, de la que cree que lo mejor es "que conoces gente y ves las funciones", y lo peor, "las horas de pie". Y cuenta algunos chascarrillos: "Alguna vez hemos pillado a alguien haciendo cosas en los palcos". ¿Y cómo se reacciona? "Cierras la puerta, te ríes y luego vuelves a entrar". Aunque en principio no aceptan propinas, se las cogen a gente que insiste mucho. Pero la crisis se ha notado: "Antes sí dejaban más".