El obispo de Santander, Vicente Jiménez, ha efectuado un llamamiento "a la responsabilidad en el tráfico rodado y en la seguridad vial de la personas", con motivo del inicio de los meses de vacaciones.

Jiménez ha realizado estas manifestaciones con motivo de la presentación de su Carta Pastoral 'Tiempo de vacaciones y responsabilidad en el tráfico'. Su escrito se ha hecho coincidir con la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico que la Iglesia española celebra el domingo, día 4, con el lema 'La persona, centro de la seguridad vial'.

En la Diócesis cántabra, el delegado y responsable del Apostolado de la Carretera es Antolín García Rozas, párroco de Polientes (Valderredible).

En su carta pastoral, el obispo señala que es necesario "poner en juego todo cuanto esté de nuestra parte en favor de la seguridad de las personas que viajan en nuestro vehículo y en el de los demás conductores", para que así "la esperanza de llegar al destino no quede frustrada por los accidentes de tráfico".

Jiménez felicita a las Administraciones y a las personas e instituciones han colaborado en que los siniestros viales hayan disminuido en la última década. Con todo, añade, es necesario "seguir redoblando los esfuerzos por parte de cada uno y también desde las instituciones públicas y privadas, para así reducir las cifras de accidentes hasta donde sea posible; porque salvar una sola vida humana bien merece la pena", resalta.

El obispo de Santander recuerda "el deber para todos de emplear la prudencia en la guía y en el respeto de las normas del código vial", porque "como ha recordado Benedicto XVI, unas buenas vacaciones comienzan precisamente por esto".

Por otra parte, el prelado destaca que las vacaciones son días donde "se intensifica el bienestar y se vive el ocio y la evasión. "Evadirse puede ser útil, a condición de que no se huya de los sanos criterios morales, de uno mismo, ni de los demás; del respeto al cuerpo y de la salud", dice Jiménez, para quien es "esencial" en este período de vacaciones "no olvidarnos de Dios, en quien hallamos el verdadero descanso y reposo", subraya.

Para el obispo, el actual ritmo vertiginoso "nos hace perder la capacidad de prestar atención a las necesidades del prójimo, e incluso merma la posibilidad de encontrarnos a solas con nosotros mismos y con Dios".

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