La Fiscalía elevó hoy a definitivo su escrito de calificación en el proceso con tribunal de jurado contra Alfonso O.E. y José Antonio P.F., para quienes interesó un veredicto de culpabilidad ante la existencia de pruebas "suficientes" acerca de la autoría y la participación de uno y otro, respectivamente, en el asesinato de María Dolores P.F. en septiembre de 2006.

En el trámite de informes tras seis sesiones de vista oral y el visionado de los 55 minutos que dura la reconstrucción judicial de los hechos, la fiscal recordó a los miembros del jurado que el principal acusado y ex cuñado de la víctima confesó ante la Guardia Civil "porque se sentía culpable" un crimen "vil y cruel" y que, a partir de ese momento, "sólo ha mentido con la clara intención de exculparse".

Señaló, en esta línea, el carácter "agresivo" de Alfonso O.E. para relacionarlo con la "brutalidad" con la que, antes de degollarla presuntamente con un cuchillo de cocina, fue golpeada María Dolores P.F. en la cocina de su domicilio ubicado en Pulpí (Almería) y al que "flanqueó" el acceso a los acusados "debido a su condición de familiares" ya que José Antonio P.F. es primo segundo de la víctima.

La fiscal subrayó ante el jurado los 26 signos externos de lesiones que tenía el cadáver de la mujer, a quien "golpearon con gran violencia en la cara y el tórax", y, sobre todo, la herida que presentaba en la cabeza y que, tal y como depusieron los forenses en el acto de juicio, la dejó "inconsciente o semiinconsciente" y, por tanto, "inmóvil e indefensa" antes de sufrir hasta seis puñaladas en el cuello.

Entre las pruebas "concluyentes" que desgranó la fiscal contra Alfonso O.E., en cuya ropa, zapatillas y reloj se hallaron restos de sangre y orgánicos de la víctima, destaca el testimonio prestado ante la sala por la hija de 12 años, quien, tanto en ese momento como a las pocas horas de producirse el crimen, situó a su "tito" en la casa familiar y relató como su madre gritaba "Alfonso, no, Alfonso, no".

La representante del Ministerio Público mantuvo, asimismo, la acusación contra José Antonio P.F., contra el que, según reconoció, "las evidencias son más débiles" debido —ahondó— a que, hasta que fue inculpado por el otro acusado, "tuvo cerca de cinco días para lavar la ropa y borrar indicios". Aludió, no obstante, a que la pequeña se refirió implícitamente a él a hablar de "un primo segundo con los dientes grandes que había ido días antes a casa a recoger unos perros".

Rechazó, por último, y tomando como base la pericial forense practicada durante la vista oral, que ambos acusados, quienes a parecer querían pedir dinero a la víctima, tuviesen afectadas sus capacidades volitivas y cognitivas por el consumo de alcohol y cocaína durante casi 12 horas antes de perpetrar supuestamente el asesinato ya que Alfonso O.E. tuvo suficiente raciocinio para lavar el arma homicida y borrar los restos de sangre en el lavabo del aseo y en los interruptores de la luz.25

Años de prisión

Por su parte, la acusación particular interesó un veredicto de culpabilidad y la imposición de sendas penas de 25 años de prisión como presuntos autores de un delito de asesinato del 139.1 y 139.3 del Código Penal en relación con el artículo 140, además de un indemnización de 172.000 euros para las hijas de María Dolores P.F., una cuantía que el fiscal rebaja hasta los 120.000 euros.

Durante la primera sesión del juicio, Alfonso O.E, en prisión provisional, alegó que el marido de la víctima le "tendió una trampa" después de que le descubriese a ella que le era supuestamente infiel. En su declaración ante la Guardia Civil dijo, sin embargo, haber sido el autor de la muerte de su cuñada.

José Antonio P.F. sostiene, sin embargo, que dejó al otro acusado para regresar a su casa a las 03,30 horas, un extremo que solamente corrobora su padre y que su defensa intenta justificar con una llamada que se realizó media hora antes desde una cabina telefónica ubicada a apenas 100 metros de su domicilio.

Según el escrito de calificación fiscal, los dos degollaron a María Dolores P.F., de 35 años, después de propinarle una paliza en la cocina de la vivienda en la que residía, ubicada en la calle Los Manchos de Pulpí y a la que ella les dejó entrar tras tocar a la puerta a las 06,00 horas "debido a su condición de allegados".

Tras la paliza, uno de ellos cogió un cuchillo de cocina de 18 centímetros de hoja y le asestó "cinco pinchazos" que le afectaron a varias partes de la zona cervical para, finalmente, causarle una herida incisa en el cuello de más de 16 centímetros de largo y 2,5 de profundidad que derivó en su muerte, de la que también responsabiliza al que la presenció.

El cuerpo sin vida de María Dolores P.F., a quien los acusados agredieron cuando estaba en una "situación de total indefensión" y aprovechándose "de la superioridad numérica y física", presentaba "numerosas contusiones y hematomas, además de la rotura de los huesos propios de la nariz". La fiscal considera, además, que no tuvo "posibilidad alguna de pedir auxilio o escapar".

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