La presidenta de

Alcer rioja, Aurora Cortés Bailón, explicó que "no cuesta nada dedicar un día unos minutos, mientras por ejemplo se está comiendo en familia, a dejar claro si se quiere o no ser donante. Hay que perder el miedo a hablar de este tema y pensar que ese minuto de conversación pueden acabar siendo muchos años de vida para una persona. También, que si alguno de los miembros de esa familia algún día llega a ser trasplantado, será porque alguien en su día dedicó ese minuto de su vida a dejar claro que quería que sus órganos sirvieran para alargar la vida de otra persona"

En más de 50 ciudades ALCER colocará mesas en la calle para comentar a la gente que en demasiadas ocasiones los familiares de un fallecido desconocían su voluntad sobre si quería o no donar sus órganos y ese desconocimiento, puede traducirse en la pérdida de la oportunidad de mantenerse con vida para otras personas.

Desde este planteamiento, pedirán a la gente que dediquen tan sólo un minuto de su tiempo a comentar con sus familiares si quieren que sus órganos sirvan para otras personas.

A pesar de que según la legislación vigente todo el mundo es donante de órganos al fallecer si no se demuestra lo contrario, la única forma de atestiguarlo es preguntando al respecto a los familiares más cercanos, siendo estos quienes verdaderamente se convierten en los transmisores de la voluntad del donante.

En España un 17 por ciento de los familiares acaban negándose a que los órganos del fallecido sean donados, a pesar de que en muchas ocasiones no sabían con certeza cual hubiera sido la voluntad de éste. Son las llamadas negativas familiares.

Pero este dato no se puede analizar sin tener en cuenta la angustia del momento. Al dolor de la pérdida del fallecido se une muchas veces no saber cual era el deseo de éste sobre donar sus órganos.

Esto pone al familiar que debe tomar la decisión en la difícil incertidumbre de elegir entre contravenir la voluntad del fallecido o no permitir algo que el fallecido hubiera deseado y que es la más auténtica última de sus voluntades.

En algunos casos también se produce el fenómeno de que días después, pasado el dolor del duelo, el familiar que se negó a la donación tiene pensamientos de arrepentimiento por estar convencido de que en el momento indicado no supo tomar la decisión más apropiada.

Ser portador de la tarjeta de donante permite a médicos y familiares estar informado de la voluntad del fallecido, pero esta tarjeta no es decisiva. Según la normativa vigente la tarjeta de donante es una intención que debe ser corroborada por la familia, porque esta es la que finalmente concede o no el permiso.

Sin embargo, está comprobado que ante la presencia del carné de donante pocas familias se niegan a contravenir la voluntad del fallecido.

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