Una recreación de estrellas binarias
Una recreación de estrellas binarias Internet

En este hallazgo, que acaba de ser hecho público por la ESA, han participado Ignacio Negueruela, primer autor de la investigación, y José Miguel Torrejón, ambos del Departamento de Física e Ingeniería de Sistemas de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad a Alicante, mientras que el resto del equipo está integrado por tres profesores de universidades de Creta, París y California.

Las observaciones han sido realizadas a través del telescopio de rayos gamma Integral que la ESA puso en órbita en 2002, con la colaboración de Rusia.

Los científicos creen que existen numerosas estrellas binarias de este tipo, las cuales emiten rayos X tan sólo ocasionalmente

Los científicos creen que existen numerosas estrellas binarias de este tipo, que se caracterizan por emitir rayos X tan sólo ocasionalmente, durante unos estallidos de actividad muy breves.

Según una nota de la ESA traducida por Ignacio Negueruela, "con este descubrimiento, Integral confirma su capacidad para revelar el universo escondido".

Estrellas más brillantes que el sol

Estos sistemas han sido bautizados científicamente como supergigantes binarias transitorias y constan de un objeto muy compacto y pequeño, así como de una estrella enorme de altísima luminosidad, cientos de miles veces más brillante que el Sol.

El objeto compacto puede ser un agujero negro o una estrella de neutrones que absorbe material procedente de la supergigante y que ocasionalmente deja escapar una llamarada de radiación X.

Estos estallidos, al ser muy escasos y durar poco tiempo, no habían sido detectados antes

Estos estallidos, al ser muy escasos y durar muy poco tiempo, no habían sido detectados antes, según las mismas fuentes.

La combinación de los datos de Integral con los de otros satélites y telescopios sugiere ahora a los científicos que existe un número importante de este tipo de binarias que antes se consideraban muy raras.

Los estallidos de rayos X que producen aparecen bruscamente, pasando de no ser detectables a ser realmente brillantes en cuestión de minutos, alcanzan su máxima luminosidad en menos de una hora, empiezan a apagarse y se hacen invisibles de nuevo en pocas horas.