Sitúese en la confluencia de San Antón con Isaac Albeniz, y mire a La Seda para apreciar, en 10 m de acera, un reloj termómetro, excusa para el luminoso de arriba; un mupi con una críptica leyenda, que te hace reconsiderar, si lo entiendes, tu abandono del tabaco; una marquesina de autobuses repleta de imágenes, presagio del claustrofóbico, por el «anunción» que lo envuelve, vehículo que esperas; un cartelito con una guardería, donde aprender a ser buen  consumidor; un tótem que te invita a degustar comida china o india, y una especie de quiosco, también con su mensajito, que simula una fuente que, por supuesto, no da agua, pero no porque  nos hayan cortado el grifo los malos, sino porque, como el relojito, está ahí por lo que está. Los impactos, por supuesto, no los podrá evitar, pero, con seguridad, llegará a la meta, al consumo.