Gealin Zheng «creía que los españoles eran rubios y de ojos azules»

Gealin Zheng tiene 21 años y vive en Madrid desde los 12. Ahora, cuando viaja a su China natal se siente una extraña. Estudió diseño y sueña con tener su propia marca de ropa.
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La misteriosa sonrisa de Gealin Zheng (21 años) es tímida, pero esconde una gran valentía. Cuida con esmero su aspecto. No es difícil imaginarla ante el armario, meditando sobre qué ropa se pondrá para ir a trabajar a la tienda de comestibles que atiende en Centro.

Ella es distinta: Moderna, urbana y, al contrario que muchos de los chinos que viven en Madrid, no se encierra en su mundo. Podría vivir en cualquier gran ciudad del mundo, Londres, Tokio o Nueva York, sin parecer una recién llegada en ninguna.

A los 12 años dejó el arroz, el té y las naranjas de Hunan, la provincia del sur de China en la que nació, para venir a Madrid. España era, para una niña introvertida y tristona como ella, un sitio extraño en el que no iba a tener amigos. «Antes de venir creía que los españoles eran parecidos a los actores de las películas americanas: rubios y con los ojos azules. Cuando llegué al aeropuerto y vi a un hombre moreno me calmé un poco.»

Pasó dos años con la nariz metida en diccionarios. Unas monjas le ayudaban con los deberes y a practicar español. «Necesitaba a alguien que me esperara, que tuviera paciencia para escucharme».

Es madura: Sabe llevar un negocio y quiere ser su propia jefa. A los 17 años sus padres la dejaron a cargo de una tienda de ropa. Ella escogía el género («buscaba cosas que no llevara nadie»), diseñaba con mimo las etiquetas y los envoltorios y vendía sólo lo que ella misma se pondría. El negocio estaba mal situado, las ventas bajaron y tuvo que cerrar. Ahora tiene un gran proyecto: abrir una tienda en Fuencarral.

Sabe que no es fácil, pero no es el primer problema en su camino. Fue capaz de enfrentarse a una pandilla de adolescentes borrachos a los que no quiso vender alcohol. Quisieron romper el escaparate de la tienda y ella se les encaró. Sacaron palos de sus chalecos y le pegaron una paliza. «Esas cosas te hacen madurar», dice Gealin. No se permite ser débil.

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