Fabiola Martínez
Fabiola Martínez posa con el pequeño "Zambi". Project Zambi

Es dulce, cariñosa y una luchadora nata. Su vida experimentó un vuelco en enero de 2007, cuando su hijo Kike, fruto de su matrimonio con Bertín Osborne, nació con graves daños cerebrales. Carlos llegó un año después, esta vez sin problemas. El día a día con sus niños acapara todas sus energías pero siempre busca tiempo para ayudar a los demás; esta vez ha ejercido de madrina de un elefantito, Zambi, de la compañía Hasbro, que destinará la mitad de sus beneficios a niños huérfanos de Zambia.

Al ser madre le afectará más el sufrimiento de otros niños, ¿no es así?
Claro, pero no sólo por ser madre, sino por ser madre en mis circunstancias. Como nosotros hemos sufrido tanto y nos han ayudado tanto también, siento una gran necesidad de ayudar a los que sufren o no tienen tantos medios.

Al mirar atrás, ¿cómo ve su vida antes de ser madre, en aquellos días, cuando era modelo en Venezuela?
Si me hubieran dicho cómo iba a ser mi vida ahora no me lo hubiera creído. Claro, antes mi vida era muy diferente. Estaba muy centrada en mi profesión y ya sabes que el mundo de la moda es muy superficial. En ese sentido, mi vida ahora está mucho más llena, es más rica.

¿Le gustaría volver atrás en algún aspecto?
Sólo lamento no haber terminado mis estudios, yo estudiaba Medicina, y de alguna manera la Medicina volvió a entrar en mi vida cuando tuve a Kike. Me da rabia no haberla terminado, ahora me serviría mucho para atenderle y comprenderlo todo mucho mejor.

Sabía que Bertín era bueno, pero esto ha servido para sacar lo mejor de él Mucha gente cree que usted y Bertin son un gran ejemplo de valentía y coraje…
Sí, mucha gente me dice que somos valientes, pero eso es porque nosotros somos visibles y no conocen a muchas otras madres que he conocido y me han ayudado, que estaban en una situación peor que la mía, y me animaban: "tienes que seguir para adelante, no vale con lamentarte, tienes que seguir"    .

¿Todos estos años de lucha le ha hecho ver a Bertín de una manera diferente?
Sí claro, yo ya sabía, o al menos intuía, que Bertín era un hombre bueno, pero todo esto no sólo lo ha confirmado, sino que ha servido para sacar lo mejor de él.

¿Y qué es lo que más admira?
Su fuerza. Tiene una fuerza extraordinaria, parece que puede con todo.

¿Cómo han hecho para enfrentarse a las dificultades, sobre todo al principio, cuando comenzaron los primeros problemas?
Lo más difícil de todo fue la asimilación. Tomar conciencia de lo que estaba ocurriendo y lo que iba a suponer. Nos animábamos a turnos, unas veces era yo la que me venía abajo y Bertín el que me animaba, y otras veces era al revés.

¿Hay alguna receta para no desmoralizarse ante la adversidad?
No, no ha ninguna receta. Únicamente el desahogarte. Llorar es bueno, si lo necesitas, y desprenderte de toda la carga que llevas dentro, que es una mochila demasiado pesada para llevar.

¿Cómo es un día cualquiera en su vida?
Pues mira, duermo con Kike. Por las mañanas hago con él tres horas de terapia y luego me turno con otra persona para atender a Carlos. Por las tardes también, llegan los baños, la cena… A veces me escapo para ir a ayudar a otras personas, como hoy, pero siempre estoy deseando volver, y llamo a todas horas para saber cómo están.

Tiene que ser difícil compatibilizar la terapia de Kike con la crianza de un bebé…
Bueno, es que hago que Carlos también participe y me ayude, y hacemos de la terapia de Kike un juego en el que a él también le gusta participar.

¿Qué tal se llevan los hermanos?
Muy bien, aunque a veces a Kike le entra un poco de pelusilla cuando ve que hacemos más caso a Carlos, porque ahora está en una edad (11 meses) que hace tonterías para llamar la atención, y nos reímos mucho con él. Y claro, hay que darle a entender que no por eso le queremos menos. Pero Kike es un cielo, es muy cariñoso, a su hermana Alejandra se le cae la baba cuando le pregunta si le quiere y él dice que sí.

Los médicos no se creen la evolución de Kike ¿Cree en el destino, que lo que le ha pasado al pequeño Kike estaba escrito, o cree que hubo alguna manera de evitarse?
No sé si se pudo evitar, la verdad es que no pienso en eso, o prefiero no pensarlo. Únicamente las cosas sucedieron así, y eso es lo que tenemos que afrontar. Soy creyente y eso sí me ha ayudado en los momentos más difíciles, para tener esperanza.

¿Tendrán más hijos?
No, de momento no nos lo planteamos, pero yo creo que no voy a tener más, porque Kike necesita mucha atención.

¿Qué dicen los médicos?
Los médicos no se creen su evolución. Me dijeron que iba a ser ciego y muchas otras cosas más. Lo curioso es que no me preguntan porqué no ha sido como ellos decían que iba a ser, no me preguntan qué hago para que evolucione por encima de sus expectativas. Por eso también es importante para nosotros hacer llegar a otras familias en nuestra situación que existen otros tratamientos alternativos que pueden hacer mejorar su situación.