Sin embargo, Zelaya volvió a exhibir su escepticismo respecto a las verdaderas intenciones del presidente de facto, Roberto Micheletti, e insistió en que su restitución en el poder es innegociable.

El miércoles llega a Tegucigalpa una misión de cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA) liderada por su secretario general, José Miguel Insulza, con el desafío de mediar entre Zelaya y Micheletti.

'Mi Gobierno convoca a una mesa de diálogo para abordar con nuevo espíritu los temas que de alguna manera ya han sido objeto de consideración en documentos de trabajo en el diálogo de San José', sostuvo Micheletti en un discurso emitido en la cadena nacional de radio y televisión.

Con el objetivo de llegar a un llamado 'Acuerdo de Guaymuras', Micheletti propuso que en la mesa de diálogo, en la que participarán tres representantes de cada bando, se revisen algunos temas incluidos en el 'Acuerdo de San José' propuesto por el presidente de Costa Rica, Óscar Arias.

'En particular dos temas cruciales que se refieren al respeto de los poderes del Estado y a la amnistía', dijo el presidente de facto.

NO HABLA DE RESTITUCIÓN

Pero Micheletti no habló de considerar el regreso a la presidencia de Zelaya, un aspecto incluido en el plan Arias y que ha pedido reiteradamente la comunidad internacional.

El plan Arias establece como solución a la crisis política, además de la restitución de Zelaya al poder, un Gobierno de unidad nacional y solicitar al Congreso la declaración de amnistía general, entre otras medidas.

Zelaya, que se encuentra recluido en la embajada brasileña tras entrar en el país de forma clandestina al país casi tres meses después de ser destituido y exiliado a la fuerza, consideró que la llamada del Gobierno de facto es sólo una maniobra dilatoria, ya que no considera devolverle el poder.

'Mi restitución, como símbolo de oponerse a los golpes de estado, de no permitir que un presidente que puso el pueblo venga una camarilla a quitarlo, eso es innegociable y el pueblo hondureño creo que lo entiende muy bien', afirmó el depuesto líder al canal 11 de la televisión local.

'Lo único que están haciendo (el Gobierno de facto) es dilatando el proceso de establecimiento de esta dictadura en el país', acusó.

Sin embargo, Zelaya admitió que sus representantes se sentarán en la mesa de diálogo mediada por la OEA.

Pese a la desconfianza del depuesto mandatario, el enviado de la OEA John Biehl, encargado de preparar la misión de los cancilleres, aseguró a Reuters que las posiciones en conflicto se han acercado bastante y que existe un buen clima para sentarse a negociar.

La OEA condenó que Zelaya fuera derrocado a la fuerza por militares y enviado a Costa Rica el 28 de junio, bajo acusaciones de violar la Constitución al intentar allanar el camino para la reelección presidencial.

Tras el golpe de Estado, Micheletti asumió la presidencia de facto.

Después de varios intentos por retomar el poder desde el exterior, el depuesto líder entró en secreto en el país y se refugió en la delegación de Brasil. La sede diplomática sigue rodeada de militares y policías que esperan arrestarle para que enfrente a la justicia.

Por otro lado, en su primera señal de apertura en mucho tiempo, el Gobierno de facto retiró el lunes un polémico decreto que restringía libertades civiles, y que pretendía acallar a algunos medios afines a Zelaya y detener las manifestaciones en favor del depuesto mandatario.

Aunque el decreto no se ha derogado oficialmente, ya que no ha sido publicado en el diario oficial, el martes se retomaron las protestas en favor de Zelaya.

Unas 200 personas marcharon con velas por una concurrida avenida de la capital hondureña, mientras que un centenar se reunió frente a la embajada de Estados Unidos y marchó cerca de la representación brasileña para insistir en la restitución del poder al depuesto mandatario.

Otra protesta similar ocurrió en San Pedro Sula, la segunda ciudad más grande del país, y la llamada resistencia zelayista anunció más marchas para el miércoles.