Ya no se hacen novatadas, ahora se gastan bromillas

Los veteranos quieren ayudar a sus compañeros a integrarse. El año pasado no hubo ninguna queja por trato denigrante en la universidad.
Dos veteranas integran a un novato en medicina.
Dos veteranas integran a un novato en medicina.
Pablo Elías
Batas blancas, el pelo de colores y una botella de calimocho en la mano. Así han comenzado el curso los alumnos de la facultad de medicina. Eso sí, con una N de novato o una V de veterano pintadas en la cara como seña distintiva.

«Me han hecho bailar encima de un banco», dice Laura, novata de enfermería. Carla, estudiante de optometría, asegura que ha vivido algún momento de vergüenza, «pero no se han pasado mucho, más bien han sido bromillas». Las dos acaban de llegar a la ciudad y reconocen que gracias a las locas ideas de sus compañeros les va a resultar más fácil integrarse y hacer nuevas amistades.

Baja intenisdad

«El año pasado fue mucho peor, nos pringaron con huevos. Este año nos estamos portando muy bien», reconoce Victoria, estudiante de medicina.

La duración de las novatadas es variable. Pueden celebrarse a modo de bienvenida el primer día o prolongarse durante todo el primer año. «Yo, a las que tengo miedo es a las del colegio mayor», dice Marta. De todas las bromas, las de las residencias universitarias suelen ser las más pesadas.

Las novatadas siguen existiendo, pero en la calle, con menos frecuencia y crueldad de baja intensidad.

Fuera de lugar

La universidad no autoriza este tipo de comportamientos y los abusos por parte de compañeros experimentados parecen estar extinguiéndose. El vicerrector de alumnos, Alfonso Carvajal, asegura que el año pasado no recibieron ninguna denuncia por asuntos relacionados con las novatadas. «Es algo residual y que no se tolera en las aulas, otra cosa es lo que hagan los alumnos cuando salen de las facultades». Este año se han colgado carteles avisando de que no se van a permitir faltas de repeto a los nuevos alumnos.

Top 3 : novatadas

El paseíllo: Te hacen beber alcohol hasta reventar, te mojan, te visten de forma ridícula y te obligan a cantar «que buenos son los veteranos que nos llevan de excursión».

El atraco: Te mantean hasta perder el rumbo y después te hacen atracar un bar con un secador en la mano. No es delito, pero se pasa vergüenza.

El insomne: Esconden  varios despertadores en tu habitación para que suenen a las 3, 4 y 5 de la mañana. Ésta es posiblemente una de las novatadas más crueles.

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