Deseando amar

  • Crítica literaria del libro de poemas 'Cosas que pasan', del expolítico Borja Sémper.
Páginas de un libro.
El poemario de Sémper obliga a recorrer cinco escenarios distintos.
GTRES

A veces, una sola palabra se basta y se sobra para que fluyan una emoción o un sentimiento. Es hermoso que después el texto crezca sin alejarse de su esencia y de lo esencial. Y eso es algo que advertí muy rápido, con el libro entre las manos, hipnotizado por poemas que ansían vestirse de aforismos, de haikus o de implacables premisas que, ya desde el sugerente título que a cada uno le corresponde, invitan a respirar hondo y a soltar el aire despacito. Al asomarme a cada página compruebo rápidamente que hay amor y hay desamor, hay ironía, hay humor y hay verdad. Nada resulta jamás tan sincero como una mirada que no deja de hacer observaciones.

Para mí, los libros de poesía siempre han tenido mucha miga. Es decir, que hay bastante más de lo que soy capaz de ver. Seguro que aquí ha ocurrido, pero al menos no es esta la sensación con la que me he quedado tras leer y releer con los cinco sentidos alerta. He mantenido un acto de conciliación conmigo mismo al identificarme con situaciones que rezuman acidez, y que salen disparadas desde la primera persona estableciendo un diálogo con una segunda o tal vez con un sinfín. Aflora la sonrisa, que corre el riesgo de quedarse congelada algunas líneas después. A la brevedad también le da tiempo a que los giros se sucedan, a que lo imprevisible suceda y a que el tono inicial de repente desentone.

Saber jugar no es fácil, en especial cuando se consiguen componer instantes en los que tanto las despedidas como los encuentros huyen de lo dramático, permitiendo que flote en el aire cierta convicción de que cualquier inquietud acaba derivando en firmeza y que cada pregunta acaba encontrando respuesta. No, no son precisas demasiadas explicaciones para que emerja lo rotundo y atrape como si fuera música para los oídos. Con necesarios y simbólicos homenajes a la literatura y al cine, la estructura de estas Cosas que pasan, poemario de Borja Sémper que ha sido recientemente editado por Espasa, obliga a recorrer cinco escenarios distintos. Primero, aquello que resulta breve; después, lo que no va más allá de Madrid y provincias; en tercer lugar, lo que nos paraliza; luego, lo que nos desconcierta. Y, por último, aquello que el avance de los días, de los meses y de los años convierte en inevitable.

De nuevo queda demostrado que la sencillez es el mejor recurso para explicar lo complejo. Sorteando todas las dificultades que conlleva expresar lo que por el interior viaja sin control, sin freno y sin medida, el lenguaje se desliza por los entresijos de los hechos que finalmente toca vivir logrando que aquellos que quedan fuera se desvanezcan en la nada más absoluta. Y así, esta voz que nada silencia, rebosante de sensibilidad y necesitada de alboroto, va y viene, se disfraza, se desnuda, abandona las sutilezas, y alcanza sin ningún complejo el lugar soñado, la locura diaria, la serenidad que dan los versos sin rima, la perplejidad que nace de un deseo cautivo... En definitiva: sentirse frente a una belleza bárbara.

Este es un libro en el que el autor construye con orden y concierto para que, a continuación, el lector disfrute sabiéndose desordenado e incluso desconcertado. No hay finales ni principios, porque nunca se conoce con exactitud dónde arrancan las búsquedas y dónde conviene detenerse. De modo que es posible guiarse por los caprichos del azar y elegir sin temor a perder el hilo. Quizás una de las características que tiene la lírica es que se permite sus licencias, y en ellas cabe recrearse una y otra vez. Exactamente igual que lo que yo he hecho con la mayoría de estos poemas; esos que, reincido, se visten de aforismos, de haikus o de implacables premisas. No sé, cosas que pasan, supongo.

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