Penélope Cruz no quiere a los fotógrafos ni en pintura. Mucho menos tiene intención de darles el gusto de que la fotografíen junto a su novio, Javier Bardem.

La llegada de la pareja era una de las más esperadas el pasado sábado en Venecia, donde Salma Hayek celebraba una reboda de cuento y máscaras con el millonario francés François-Henri Pinault.

El teatro de La Fenice de la ciudad de los canales fue el escenario de la gran fiesta, adonde los invitados se trasladaron en góndola. 

Los reporteros que se agolpaban a varios metros de distancia de la entrada acordonada apenas pudieron captar una melena oscura y un vestido azul intenso que cruzaba como una exhalación los escasos metros que separaban una embarcación de la puerta del teatro. Se trataba de Penélope Cruz, quien se arriesgó perder el tocado, el vestido e, incluso, los tacones con tal de que los periodistas no la retrataran en condiciones.

De la misma embarcación aparecía poco después Javier Bardem, en elegante traje de chaqueta negro, seguido de otros invitados de lujo como el cantante Bono.

Una boda de ensueño

En la boda de Hayek no faltó de nada, si bien su anfitriona juró y perjuró que no había costado los dos millones de dólares que se rumoreaba ("gastar esa cantidad en una boda es ridículo", declaró). Sin embargo, poco debió de faltar.

La pareja había contraído ya matrimonio el pasado 14 de febrero, día de San Valentín, en París, pero decidieron ofrecer a sus amigos una segunda ceremonia. Hayek vistió un diseño de Balenciaga y llevaba el pelo recogido, según publicó el diario Corriere della Sera.

Bono le dedicó 'One love'

Charlize Theron 280Entre los ilustres asistentes estuvo el ex presidente de la República francesa Jacques Chirac, gran amigo del padre del novio, además de numerosos rostros conocidos de Hollywood como los actores Edward Norton, Ashley Judd, Gael García Bernal y Charlize Theron.

También acudieron Bono de U2, que dedicó el tema One love a Hayek, Stella McCartney, el cantante Luis Miguel y la directora de Vogue, Anna Wintour. La cena fue servida por el cocinero español José Andrés.

En total, 160 invitados para una ocasión que comenzó el sábado para terminar a altas horas de la madrugada del domingo en el exclusivo B Bar del Hotel Bauer. La comida del domingo tuvo lugar en Cipriani, uno de los restaurantes más conocidos de Venecia.

Según Corriere della Sera, tan sólo el alquiler de los locales donde se celebraron las fiestas costó 200.000 euros; la exclusiva periodística del matrimonio en la prensa se destinará a beneficencia.