Julio Medem
Julio Medem y Elena Anaya en la presentación del rodaje de 'Room in Rome' (REUTERS). REUTERS

Tras la acogida "fría, pequeña" de su último largometraje, Caótica Ana, Julio Médem pasó un año "cansado, escondido". En aquel momento se prometió a sí mismo hacer un cine más directo, empezar de cero.

Bajo estas premisas rueda ahora Room in Rome, una película protagonizada por dos mujeres -una española, Elena Anaya, y una rusa, Natasha Yarovenko-, quienes se encuentran en una habitación de hotel. Juntas se internan en una aventura física que transcurrirá en una sóla noche y que, finalmente, les tocará el alma.

¿Ha encontrado en Room in Rome ese cambio que tanto perseguía?

'Room in Rome' gira en torno a una atracción dominante y poco domable
Sí. En primer lugar es una película de encargo, la primera película de encargo que hago. El guión está basado en En la Cama (2005), de Matías Bize. Todo transcurre en un corto espacio de tiempo, y en una habitación. De la película original cambié el escenario y lo llevé a Roma. También cambié a los personajes y los convertí en mujeres. El punto fundamental de la historia es la fuerza de la atracción, una atracción muy dominante y poco domable, que primero es física, y luego se transforma en algo más profundo.

¿Por qué la rueda en inglés?
Ése es el idioma natural en el que ambas protagonistas se comunican. Busqué que el idioma sonara fresco, que se notara que es la segunda lengua para las dos.

Insiste en que en este trabajo ha intentado huir de la complejidad, ¿ha hecho esto que sacrifique parte del simbolismo que tanto le caracteriza?
Esta cinta también es compleja, pero va por la vía directa. Me he volcado en que transmita bien los sentimientos, en que sea diáfana, en poner facilidades al espectador para que la encuentre fácilmente. Pero el simbolismo sigue ahí, en matices.  Creo que ambos conceptos son compatibles.

¿Cómo afrontó esta película tras la acogida “triste”, según sus propias palabras, de Caótica Ana?
La respuesta a la película Caótica Ana me provocó una especie de fiebre que me empujó a escribir pequeños guiones de forma compulsiva. Eso me ayudaba a abstraerme, era mi forma de luchar para no hundirme. Pasé un año cansado, eclipsado. Algunas de las críticas que me dedicaron por entonces fueron despiadadas, me daban vergüenza. Me preguntaba cómo algunos críticos eran capaces de escribir determinadas cosas, rozaban el insulto personal, me despedazaban. Los cineastas hacemos películas y ponemos en ellas todas nuestra humildad, nos desnudamos. Pero algunos de estos críticos tienen una actitud altiva… Afortunadamente soy un luchador, he tenido que superar trances en otras ocasiones.

Y luego le llamó Álvaro Longoria (productor de Room in Rome).
Sí, eso me vino muy bien. Primero me propuso un proyecto de ciencia ficción, pero no me veía a mi mismo haciéndolo. Después, otro en el que aún trabajamos y que va por el camino de la tragedia griega. Y por último llegó Room in Rome, la definitiva.

Hubo un momento en que se sintió atraído por la Psiquiatría. ¿Ha pasado por el diván?
Sí, he pasado. Yo empecé estudiando Medicina para hacer después la especialidad de Psiquiatría, pero no lo terminé.  Pero supongo que todo ello me ha influido en la construcción de determinados personajes que aparecen en mis películas -el abuelo de Vacas, un psicótico- y conocer a las personas desde un sitio muy profundo.

Según el último barómetro del CIS, a los españoles les preocupa, por este orden: el paro, llegar a fin de mes, el terrorismo, la inmigración, la vivienda y la inseguridad ciudadana. ¿Variaría en algo esta lista?
Estoy de acuerdo con los tres primeros, pero en cuarto lugar pondría la vivienda. La inseguridad ciudadana y la inmigración no me preocupan.