El misterio de las personas infectadas de coronavirus que no desarrollan anticuerpos

Imagen de archivo de una persona realizando un test rápido de coronavirus a un trabajador sanitario de una residencia en Cataluña.
Realización de un test de coronavirus a un empleado de una residencia.
EUROPA PRESS

La tercera oleada del estudio de seroprevalencia realizado por el Ministerio de Sanidad ha confirmado este lunes un dato descorazonador: tan solo el 5% de la población española presenta anticuerpos ante el coronavirus. Cuando el pasado mayo se publicaron los resultados preliminares, esta cifra supuso un auténtico mazazo para la opinión pública, para muchos sanitarios y para todos aquellos que esperaban estar más próximos a la inmunidad de rebaño. Sin embargo, estas noticias no son tan terribles como en un principio podría parecer.

Los expertos llevan tiempo recalcando que inmunidad no es sinónimo de anticuerpos, sino que estos son solo una de los diferentes mecanismos con los que el cuerpo humano puede derrotar al virus. De hecho, varios estudios recientes han mostrado que algunos pacientes con COVID-19desarrollan otro tipo de inmunidad ante la enfermedad, conocida como celular, y que no es detectada por los test serológicos realizados entre la población.

Este tipo de inmunidad es una respuesta basada en los linfocitos T citotóxicos, que se encargan de inducir el suicidio de todas las células infectadas del organismo, explica el inmunólogo y catedrático de la universidad de Valladolid Alfredo Corell. "Una vez que llevan a cabo esta acción, unos pocos quedan circulando como memoria, es decir, se acuerdan del virus y, si tuviéramos otra vez la enfermedad, actuarían contra él", detalla.

En este sentido, un estudio del Instituto y la Universidad Karlolinska (Suecia), realizado con 200 muestras y todavía pendiente de revisión, ha observado que un gran número de las personas que padecieron COVID-19 de forma leve o asintomática presentan esta inmunidad celular, así como parte de sus familiares. Ya un trabajo anterior del Hospital Universitario de Tubinga (Alemania) reveló que el 100% de los infectados analizados desarrollaron esta respuesta basada en los linfocitos T, incluso aquellos que no presentaban anticuerpos.

"Ese 5% de la población inmunizada es falso, es una estimación muy baja"

Esto supone que, si a estas personas se les realizase un test convencional de anticuerpos, darían un resultado negativo. Sin embargo, son individuos que han pasado la enfermedad y, con estos linfocitos T de memoria, deberían estar protegidos ante nuevas infecciones. "Es una muy buena noticia, porque significa que ese 5% de la población inmunizada es falso, es una estimación muy baja", celebra Corell, aunque lamenta que estas técnicas para mirar esta respuesta son "muy complejas" y no van a poder utilizarse, salvo en investigación.

Precisamente esta inmunidad celular contribuye a relativizar la gravedad de algunos estudios que muestran un decaimiento muy rápido del número de anticuerpos ante el coronavirus, como el llevado a cabo en el distrito chino de Whangzou con 37 pacientes asintomáticos. Además, ahonda el inmunólogo, aunque desaparezcan los anticuerpos, sí quedan los linfocitos B de memoria, que pueden producirlos en caso de una nueva infección. 

Otro aspecto que contribuye a infravalorar el porcentaje de la población inmunizada es que la inmensa mayoría de los test de anticuerpos actuales solo son capaces de detectar dos de ellos, la inmunoglobulina M y la inmunoglobulina G, apunta Corell. No analizan, por el contrario, la presencia de un tercero, la inmunoglobulina A, "muy relevante en la neutralización de infecciones" y de especial importancia en las mucosas.

¿A qué se debe que se produzca una respuesta u otra?

Una infección normalmente produce una combinación de estos dos tipos de inmunidad, que son complementarios; aunque también es posible que aparezca mayoritariamente solo uno de ellos. "Los anticuerpos bloquean que el virus infecte nuevas células, mientras que los linfocitos T citotóxicos o asesinos matan a las células infectadas", matiza el catedrático.

El hecho de que una persona tienda a desarrollar un tipo de inmunidad u otra depende de diversos factores: el ambiente, la edad, la genética... Asimismo, depende de cómo se haya "entrenado" el organismo a lo largo de los años para responder, cómo se ha "programado" para reaccionar a lo ajeno, explica Víctor Jiménez Cid, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Sociedad . 

"Cada uno de nosotros tenemos una tendencia a ser más eficaces desarrollando un tipo de inmunidad u otra, humoral (anticuerpos) o celular (linfocitos T). Depende de la genética y de cómo se ha entrenado a lo largo de la vida el sistema inmunitario, por las infecciones sufridas, las vacunas, los microorganismos de la microbiota intestinal, las medicinas tomadas, el estilo de vida, la alimentación, las patologías de base...", añade.

¿Inmunidad ante el coronavirus sin haber sufrido la COVID?

Uno de los resultados más llamativos del estudio de Tubinga procede de las personas no infectadas, ya que el 80% de ellas presentaba linfocitos de memoria capaces de identificar el SARS-CoV-2, que provoca la COVID-19, y desencadenar un mecanismo de defensa contra él. Se trata de un caso de inmunidad cruzada.

Estos individuos sanos se contagiaron en un momento dado con uno de los otros cuatro coronavirus existentes, que producen síntomas de resfriado y poseen partes comunes con el SARS-CoV-2, y ahora su sistema inmune reconoce dichos componentes equivalentes y reacciona a cualquier virus de la familia, incluido el nuevo. Esto, resalta Corell, proporciona una inesperada protección celular tóxica frente al que provoca la COVID-19.

¿Cómo afecta esto a las vacunas?

Prácticamente desde el inicio de la pandemia, los investigadores se han volcado en el desarrollo de una vacuna efectiva contra el coronavirus. Muchas de ellas, como la de Moderna, están basadas en una respuesta de la inmunidad humoral, esto es, en provocar en el organismo una producción de anticuerpos que neutralicen el virus. 

Sin embargo, existe otra clase de vacunas, que contiene material vivo similar al virus original, pero atenuado, que es capaz de provocar respuestas mixtas: inmunidad celular y humoral. "En vista de los últimos estudios, se podría pensar que las de este tipo van a tener una eficacia mayor que las otras", apunta Corell, que lamenta que tardarán más en llegar, pues su desarrollo es más lento.

Duración de la inmunidad y posibilidad de reinfecciones

La duración de la inmunidad ante el nuevo coronavirus y la posibilidad de sufrir reinfecciones es una de las principales preocupaciones de la opinión pública, pero también una de las grandes incertidumbres en esta enfermedad. "La experiencia, el tiempo nos lo irá diciendo", opina Jiménez Cid, que recuerda que en virus similares la protección dura desde unos meses hasta varios años.

"Otros coronavirus generan inmunidad de meses y de promedio podríamos hablar de uno o dos años"

En la misma línea se pronuncia Manel Juan, jefe del Servicio de inmunología del CBD-Hospital Clínic de Barcelona. "Por lo que sabemos ahora, todo el que ha padecido COVID-19 tiene una inmunidad u otra o las dos. Si no fuera así, tendríamos reinfecciones, y las que se han visto hasta el momento no lo son propiamente, es el virus que se mantiene. Otros coronavirus generan inmunidad de meses y de promedio podríamos hablar de uno o dos años", afirma, y recalca que hasta que no transcurra este tiempo no se podrá garantizar nada.

También Corell es de la opinión de que pronunciarse al respecto es "muy prematuro" y llama a la "prudencia" ante lo "contradictorio" de las informaciones existentes. "Hay que esperar a que pase un poco más de tiempo desde que se hayan infectado", concluye.

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