Keane
El grupo Keane en La Riviera de Madrid. FOTO: EFE. EFE
"Y todavía quedan cuatro o cinco canciones buenas...". Keane había gastado ya media hora de su corto concierto ayer en La Riviera de Madrid, y lo cierto es que el público - de treinta para arriba- estaba entusiasmado. Es más, habían agotado entradas y Chaplin y sus músicos se sentían cómodos ante tanto grito "pasional".

Keane 230Comenzaron con puntualidad excesivamente británica -con la misma con la que dijeron hasta luego- y una pareja de ases recientes en la primera tanda de temas: The lovers are losing y Spiralling. Incontestable, sobre todo por la sopresa que para buena parte del respetable supuso escuchar en vivo al grupo. "Tienen un directo muy bueno", murmuraba otro fanático.

La voz sonaba pulcra y potente, con entonaciones milimétricas y un piano agradecido vigilado por todo un artista del dramatismo, Tim Rice-Oxley, a la sazón compositor de las melódicas piezas. Se explayaron, como era de esperar con su último álbum, Perfect symmetry, pero el poso de su debut con Hopes and fears pudo muchísimo más.

A ratos eran Oasis, a ratos Bowie...


Somewhere only we know, This is the last time y Bend and break lograron un alzamiento masivo de móviles, sobre todo cuando el tímido vocalista con camisa y maneras correctas cogió la guitarra y se marcó un acústico. Del segundo trabajo de Keane sólo consiguió emocionar Is It any wonder?; algo sólo achacable a la propia banda. Qué se le va a hacer.

Keane 230A ratos eran Oasis, a ratos Bowie, a ratos... ¿The Killers? No se sabe con seguridad, aunque esa ambigüedad no jugó en su contra. La contención de uno de los chicos de Cruz Roja desperdigados en la sala era buena prueba de ello -"no puedo hablar, pero el concierto muy bien"-. Chaplin no se creía que nos supiéramos las letras en inglés.

Sentenciaron que Perfect symmetry era su mejor canción y terminaron casi de sopetón, ya que a la hora y cuarto anunciaron que se iban y quince minutos después cerraron el chiringuito pop. Después, parrafada emotiva y bandera al canto. Dejaron buen sabor pero duro sólo un instante. "Es que en realidad no tienen más", dejaban caer por ahí.