Casas hechas con cáñamo, pipas de fumar sin humo y porros gigantes de plástico

  • Más de 14.000 asisten a Expocannabis, en la Cubierta de Leganés.
  • Prohíben entrar con drogas, pero dentro hay total libertad.
  • Piden el "comercio libre de marihuana" y se sienten "perseguidos".
Empleados de una tienda para fumadores, con el vaporizador. (J. PARÍS)
Empleados de una tienda para fumadores, con el vaporizador. (J. PARÍS)

Al llegar a la Cubierta de Leganés, un cartel avisa a los visitantes: "Prohibido entrar con drogas". En realidad, no les importa. Dentro tienen todo lo que necesitan. Están a punto de entrar en Expocannabis, la feria sobre el mundo de la marihuana y el cáñamo.

Los organizadores aseguran que "los asistentes no pueden fumar porros". Pero una intensa nube de humo y el olor inconfundible de la marihuana les deja en evidencia. "No podemos controlar a todos", dice uno de ellos al ver que justo a su lado un grupo de treintañeros empieza a liarse un canuto.

Cuando nuestra generación haga las leyes, los porros serán legales

Apenas cuatro metros más allá, dos jóvenes tosen mientras prueban el último invento: el vaporizador, una bolsa en forma de cigarrillo gigante que se llena de humo y se aplasta para que entre en los pulmones. Un grupo de amigos alucinan con "esta maravilla", pero lamentan por su precio (390 euros): "Tendremos que comprarlo a medias,... la crisis es lo que tiene".

Pero el cannabis no sólo se fuma. También sirve para tejer colchones, para producir cosméticos e, incluso, para construir casas. "Se hacen ladrillos con cáñamo: es un perfecto aislante", dice Alberto Sagrera, socio de Cannarelax.

"Nos sentimos perseguidos"

La tienda de Iván es la más concurrida. Los clientes preguntan por las pipas que no echan humo "para disimular" y los refrescos con doble fondo para despistar a la Policía. Y mientras les informan, aprovechan para probar las pipas antes de llevárselas a casa.

"Nos sentimos perseguidos, deben permitir el comercio libre", protesta José García, de una empresa de útiles para el cultivo. "Cuando nuestra generación haga las leyes, los porros serán legales", augura Chema, de 23 años. Sus amigos, con un porro en la boca y varios en el cuerpo, no pueden evitar lanzar una carcajada.

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