Una mujer de Miranda de Ebro (Burgos) acaba de denunciar que su marido la ha mantenido a ella y a sus hijos secuestrados durante 22 años y solamente los dejaba salir para ir y volver al trabajo y al colegio. El temor que sienten hacia el padre tanto la mujer como sus hijos (tiene cinco hijos, tres menores, de 7, 8 y 13 años) explicarían que esta mujer haya tardado tantos años en decidirse a denunciar su caso.

Una asistente social fue la que animó a la mujer, de etnia gitana, como su marido, a dar el paso para abandonar su hogar junto a sus hijos y huir. Los menores, que muestran gran miedo hacia la figura paterna, iban al colegio, pero no podían relacionarse con otros niños fuera del horario de clase. No iban al cine, ni a las fiestas de cumpleaños, ni han entrado nunca en un centro comercial. Su vida se limitaba a ir de casa al colegio y del colegio a casa.

Las personas quedan atrapadas en una 'Luna de miel' con periodos de crisis, promesas de cambio...

¿Pero
qué tipo de secuelas pueden sufrir tanto ella como sus hijos después de haber vivido en un clima de semisecuestro?

Para la psicóloga Ana Lillo las secuelas dependen "tanto de la edad de los niños como de las presiones o amenazas que hayan sufrido". "Los niños son muy fuertes", aclara, pero " solo un estudio exhaustivo determinará el tipo de secuelas que puedan sufrir tanto ellos como la madre y determinar cuál será su evolución psicológica".

Sí parece más fácil aventurar que el ambiente en el que se han educado los niños, a pesar de tener cierta apariencia de normalidad, habrá influido en su desarrollo.

Entre la sintomatología más común entre las personas que viven este tipo de situaciones, con una figura muy autoritaria que impone su voluntad al resto, Lillo enumera " el miedo, la ansiedad, la depresión, los llantos, las pesadillas y la poca motivación para hacer tareas habituales y relacionarse con otros".

Vivir con miedo

No es fácil para quien vea desde fuera esta situación entender cómo se puede aguantar durante tantos años, para Ana Lillo, hay un paralelismo con lo que sucede con las mujeres maltratadas. "Se da un cuadro complejo en el que la mujer sufre falta de autoestima, hay fenómenos de dependencia, fenómenos de lo que llamamos 'Luna de miel', con periodos de crisis, al que siguen promesas de cambio, que conducen a un ciclo que atrapa a la persona", explica. Para salir de este ciclo "es fundamental el apoyo social y familiar que se tenga".

Para su recuperación es vital darles mucho apoyo, amor y estabilidad

En cuanto a posibles tratamientos tanto para la mujer como para los niños, "estos dependerán del trauma que tengan, si lo tienen, y después de una evaluación habrá que trabajar la independencia, la capacidad de relacionarse con los demás, la autoestima".

¿Podrán los niños algún día volver a mantener una relación normal con su padre? Para la psicóloga, dependerá "de si ellos quieren, de si pueden, y de lo que quiera la madre ". "Ahora es vital darles mucho apoyo, amor y estabilidad", concluye.

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