Mujercitas, una semilla de libertad en el siglo XIX

  • La novela de Louisa May Alcott sigue siendo igual de desafiante, contradictoria y seductora que hace 152 años.
Escena de la película Mujercitas.
Escena de la película 'Mujercitas'.
SONY PICTURES

Mujercitas puede resultar ambigua. Para entender la confusión que tras siglo y medio sigue generando, ayuda saber cómo surgió el proyecto de escribirla: por encargo. ¿El objetivo? Ofrecer un "relato de chicas" que reforzara ideales de feminidad como la sumisión, la obediencia y la entrega al matrimonio. Sin embargo, Alcott, pese a respetar las convenciones de la prosa doméstica del siglo XIX, se atrevió a colar por una rendija algunas promesas: que las mujeres también podían ser libres, independientes y dedicarse a lo que quisieran. Y lo hizo especialmente a través de Jo, la segunda de las cuatro hermanas March, protagonistas de esta historia.

mujercitas

una historia de óscar

    Con el 150 aniversario de la publicación de Mujercitas en 2018, la maquinaria cultural se ha puesto en marcha para reactualizar este clásico. La historia de las hermanas March ha sido llevada al cine en múltiples ocasiones (incluso al mudo); ahora en cartelera se puede disfrutar de la versión de Greta Gerwig, con Saoirse Ronan, Emma Watson, Laura Dern y Meryl Streep en el reparto. Tiene seis nominaciones a los Óscar.

    Desde su publicación en 1868, la novela atrapó a lectores de todo tipo, convirtiéndose en un fenómeno cultural cuyo mensaje continúa hoy vigente. En España, no obstante, hasta el 2004 no se publicó la edición original y sin censura. Esto último debido a la insistencia del editor en modificar algunos pasajes y eliminar otros considerados improcedentes. Una purga que no solo invisibilizó el mensaje reivindicativo de la primera versión, sino que contribuyó a que fuera considerada como una obra menor, cargada de sentimentalismo y pasada de moda. 

    A pesar de los obstáculos, la novela es un clásico continuamente reactualizado por el cine, la televisión o el teatro. Su influencia es tal que mujeres como Simone de Beauvoir, Ursula K. Le Guin o Patti Smith confesaron que en su protagonista, la adolescente Jo, encontraron un modelo inspirador para rebelarse contra los ideales de feminidad establecidos.

    La historia de Mujercitas, ambientada en Massachusetts, gira en torno a las hermanas March: Meg, Jo, Beth y Amy. Su padre, un sencillo capellán, partió al frente de la guerra de secesión americana, por lo que viven solas con su madre, aprendiendo a ser mujeres según las convenciones sociales y morales de la época. A través de todas ellas, Alcott exploró los roles femeninos del siglo XIX e, incluso, propuso otros nuevos. Ejemplo de esto último es Jo, la segunda hermana, de 15 años, apasionada de la escritura y de maneras masculinas.

    Mujercitas, con Winona Ryder.

    OTRAS ADAPTACIONES

      Otras propuestas llevadas a la gran pantalla que también nos cautivaron el siglo pasado fueron la dirigida por George Cukor (1933) con Katharine Hepburn como Jo; la de Mervyn LeRoy, con Elisabeth Taylor como Amy; y la de Gillian Armstrong, con Winona Ryder como Jo.

      Prefiere ir a la guerra, como su padre, que "quedarse en casa y tejer como una mujer mayor remendona", asegura a sus hermanas. "Debería escribir libros, hacerme rica y famosa", confiesa. Un desafío al género que es acentuado por los nombres: el de Jo y el de su mejor amigo y primer amor, Laurie, joven con gusto por actividades consideradas femeninas. Apodos que en ambos casos pueden en un primer momento atribuirse al sexo opuesto, algo que el lector no tiene del todo claro hasta avanzada la lectura. De esta manera, planta la autora una simiente de subversión y cuestiona las diferencias biológicas como argumento válido para legitimar las desigualdades de género.

      Portada del libro Mujercitas.

      EDICIONES LITERARIAS

        Las reediciones recientes de la industria del libro son numerosas. En la de Austral Singular, por ejemplo, el lector encontrará la versión íntegra del texto publicado en 1868. Si además se quiere disfrutar en versión ilustrada, la de Alfaguara Clásicos, con dibujos de María Hesse, es la opción perfecta.

        Pero si el espíritu de Jo es tan independiente y adelantado para su época, ¿cómo acaba casada con un señor más mayor, teniendo dos hijos y dejando sus sueños de escritura suspendidos? De nuevo esa indeterminación se explica por el empeño del editor en que todas las hermanas debían contraer matrimonio. Encerrona en la que Alcott encuentra un resquicio por el que alterar las expectativas. No la casa con Laurie, su amor de la infancia, quien sí querría llevar una vida al estilo tradicional; sino con el profesor Bhaer, años mayor, y con quien comparte inquietudes intelectuales. El hecho de que Jo esté al frente de una escuela para chicos, además, le permite vivir una vida poco convencional, aunque siempre en los límites de la domesticidad.

        Louisa May Alcott defendió su independencia y el derecho a expresarse creativamente. A través de la figura de Jo, como un reflejo de su propia vida, nos muestra un modelo de mujer fuerte que se desenvuelve en el contexto de las estructuras patriarcales. De ahí la contradicción, en la ficción y en la realidad, que viven las mujeres: la educación recibida dificulta y reduce la lucha para difuminar las barreras que suponen los estereotipos de género. No por ello, nos invita a pensar la autora, debemos abandonar la tarea de ensanchar y consolidar esos márgenes en los que florece la libertad.

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