Provocaciones y verdades incómodas

Acorralado
Acorralado
Eugenio Merino

«La capacidad de atención del hombre es limitada y tiene que ser constantemente espoleada por la provocación» (Albert Camus)

«Y si lo dice Camus, será cierto», zanja Eugenio Merino (Madrid, 1975). Por eso su arte es 100% provocación. Por eso y porque la realidad y su representación en los medios se lo ponen en bandeja.

«Poco a poco mis trabajos se van haciendo más ácidos y con un sentido del humor más negro. Por un lado porque el mundo del arte te va haciendo cada vez más nihilista y crítico con el propio sistema, y por otro, porque veo demasiada televisión y eso tiene efectos secundarios». En él los efectos son controvertidos, «transforman el drama en entretenimiento, como hacen los informativos y los realities»; nos enfrentan a «críticas contra nosotros mismos» y nos inundan (un poco más) de «contaminación visual y medioambiental». La frescura de Merino es la hija ingeniosa del chiste y de la cruda realidad, de la iconografía popular y de nuestros vicios más crueles. «El resultado es siempre una duda sobre lo establecido».

Misses con burka

En la serie de dibujos Belleza interior, ironiza sobre la tiranía y superficialidad de Oriente y Occidente respecto a la mujer a través de un concurso de misses con burka. En Global Warming juega con el doble sentido de calentamiento (sexual y de la Tierra): «El concepto de calentamiento global se ha convertido en una marca rentable y Al Gore, en su presidente. Tanto él como Hugh Hefner, presidente de Playboy, tratan el tema del calentamiento global a través de sus marcas».

Por otro lado, sus esculturas (un Fidel Castro zombie, un Bush zen...) tienen aquí un nuevo compañero: Acorralado, una figuración del Dalai Lama como Rambo. «Son un símbolo de la guerra en la sociedad de consumo. Es una pieza llena de contradicciones acerca de la paz y la violencia, lo sagrado y lo profano, la realidad y la ficción».

La divertida exhibición del horror que Merino expone en la muestra concluye con un cráneo humano en forma de balón de fútbol que nos señala como últimos responsables de lo que le suceda a la tierra –«con tanto catastrofismo da la sensación de que vivimos al borde del abismo»–, y con el vídeo Jailhouse Rock, donde mezcla la vergonzosa existencia de Guantánamo con Elvis Presley y su alegre rock de la cárcel.

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