John Butler Trio
John Butler Trio, durante su actuación en el Optimus. (SILVIA MANZANO) SILVIA MANZANO
Todos aquellos que huyeron del Rock In Rio por su descompensado cartel y no disfrutaron de Neil Young, o bien los que tuvieron la suerte de verle y se quedaron con ganas de más dosis de su apasionado rock, gozaron de otra oportunidad el fin de semana pasado en el país vecino, en el Optimus Alive de Portugal.

Este festival, impecablemente organizado por la promotora Everything Is New, reunió en su cartel a figuras icónicas de la música de las últimas décadas como el propio Young, Bob Dylan o Ben Harper, emblemas del rock de los 90's como Rage Against The Machine, bandas inclasificables como John Butler Trio, formaciones indies como Spiritualized o nuevas sensaciones de los últimos años como The Hives o The National.

Xavier Rudd cumplió y Donavon Frankenreiter se descolgó con un concierto bastante intenso en su recta final
Celebrado de jueves a sábado, y con un nivel en líneas generales bastante notable, si hay que destacar una de las tres veladas de actuaciones celebradas en el bonito Paseo Marítimo de Algés, ésa sería la última.

Y es que, aunque Xavier Rudd cumplió con su propuesta de rock intimista matizado por toques étnicos y Donavon Frankenreiter se descolgó con un concierto algo frío en su comienzo pero bastante intenso en su recta final, sin duda fue Neil Young el que poco antes de las 22.00 entró en acción y se hizo el amo y señor del festival.

Su reciente aneurisma cerebral y sus más de sesenta años no le impidieron comportarse como un auténtico vendaval sobre el escenario, para deleite de los miles de aficionados que presenciaron atónitos semejante recital.

El volcánico arranque, con Love And Only Love, Powderfinger, Spirit Road, Cortez The Killer y Rockin In' The Free World, provocó la histeria colectiva en el recinto, y la fuerza y emotividad que desprendía el 'padrino del grunge' deparó un momento para no olvidar jamás, para el regocijo eterno, para echar la vista atrás y enorgullecerte de poder haber estado allí.

Después, levantó el pie del acelerador y dio rienda suelta a su vena más acústica. El frenesí no fue el mismo, pero obviamente la magia se mantuvo. Ahí destaco su repaso al magistral Harvest, con la aclamadísima Heart Of Gold incluida. No Hidden Path y A Day In The Life, con la banda desbocada y una jam prolongada hasta límites demenciales, pusieron el broche a uno de los conciertos del año. Una estruendosa ovación, bañada en babas y lágrimas, así lo atestiguaron.

Negroide actuación

Ben Harper salió después del huracán, e hizo lo que pudo. Y no lo hizo mal. Pero la noche portuguesa aún rumiaba la satisfacción propiciada por Neil Young, y su cálida y negroide actuación no trascendió en exceso.

Antes, el jueves, y con el aperitivo de unos divertidos aunque monótonos The Hives, Rage Against The Machine protagonizó el otro show más elogiable del festival, prácticamente a la altura del deparado por Young.

De La Rocha, Morello y compañía, retomando esa incendiaria combinación de rock, funk y hip-hop que triunfó en la década de los 90's, complació a todos sus incondicionales con una actuación que repasó prácticamente todos sus clásicos, con un Freedom especialmente reconfortante, una vez más. La energía que transmitieron en escena fue prácticamente la misma que exhibían hace quince años, lo que les augura un futuro prometedor en caso de seguir juntos en los próximos años.

Dylan cuajó un concierto tan pulcro en lo formal como gélido en lo esencial
Por último, el viernes, y por encima de todo, dos fueron los nombres a subrayar: John Butler y Bob Dylan. Y abstrayéndonos del mito y centrándonos en lo que vimos, desde luego bastante más el primero.

Por méritos propios, Butler y su banda se ganaron el derecho a ser considerados la auténtica revelación. Ya en disco prometían, y desde luego en vivo se consagraron como una banda a seguir. Pocas formaciones son capaces de armonizar la potencia rockera con el aroma reggae y los ritmos tribales tan certeramente como ésta. Y desde luego lo lograron, firmando un despliegue musical sorprendente y adictivo, aderezado con temas brillantísimos como Funky Tonight o Better Than.

Dylan, por último, cuajó un concierto tan pulcro en lo formal como gélido en lo esencial. Nada que reprochar ni al repertorio, trufado de emblemas como Like A Rolling Stone o Don't Think Twice y de varias piezas más recónditas, ni a la banda, realmente competente, pero su lánguida actitud escénica y la ausencia del más mínimo atisbo de pasión en su comportamiento no contribuyeron a dar el empujón que necesitó su funcionaria actuación.

La severidad con la que se requisó a nuestros compañeros gráficos las fotografías realizadas a su tétrica estampa, como si inmortalizarle pudiera desenmarcar sus carencias, tampoco ayudó a que se le tuviera en gran estima.