Christina y Rosenvinge y Nacho Vegas. “Verano fatal”

NV&CR

La anunciada colaboración Nacho Vegas y Christina Rosenvinge de cara a la participación de ambos en el próximo Rockdelux Weekend ha acabado dando de sí todo un mini-álbum de siete canciones, escritas a contrareloj (los créditos dicen que tres son de Christina, otra de Nacho, y el resto son fruto del trabajo conjunto) en algún lugar recogido de Gijón, y grabadas en un par de semanas de frenética actividad para llegar con algo que enseñar al comienzo de la gira. Guardando las espaldas de sus respectivos hidalgos, los escuderos Xel Pereda (en el rincón de Nacho) y Charlie Bautista (en la esquina de ella); completando el cuadro de testigos, Manu Molina (batería habitual de Nacho) y el bajista asturiano Luis Rodríguez.

"Me he perdido" abre el disco poniendo el listón arriba, cuando tanto la voz protagonista de Vegas (lejos de esa afectación y ese dramatismo hueco que tantas veces ha lastrado sus canciones en el pasado), como la letra hacen que todo suene de una manera más fluida, más ventilada y natural que lo acostumbrado en su obra reciente. En "Humo" la responsabilidad cambia de manos; es ella quien lleva las riendas en un rock lento y cargado de polución. En “Verano Fatal" asoma el noise rock denso y velvetianos que sitúan el tema a medio camino entre el caudal eléctrico de Crazy Horse y decenas de bandas que hicieron lo mismo a mediados de los noventa. La prometida unión de hecho parece consumarse por fin en la más dinámica "Ayer te vi", mientras que "No pierdes lo que das" reincide en la estética Velvet. "Que nos parta un rayo" ofrece oscuridad, rezos, cigarros, cruces, cenizas, dolores, preguntas, rayos y luz. Cierra el disco "No lloro por ti", miniatura interpretada sólo a base de guitarra acústica y flauta que no se asusta de sonar muy ñoña porque esconde retranca.

Josh Ritter. “The historical conquests of…”

Josh Ritter

Resulta francamente entretenida la escucha del Nuevo álbum de Josh Ritter, cantautor eléctrico de Ohio hasta hace poco en busca no del todo fructífera de un sonido propio que ahora parece haber decidido olvidarse de estrecheces y limitaciones para dedicarse sencillamente a escribir las canciones que le salgan de la manera en que lo hagan.

Dentro de un formato más o menos tradicional basado en guitarras eléctricas y acústicas, bajo y batería, el resultado es absolutamente ecléctico y, en cualquier caso, mucho más abierto de lo que Ritter se mostraba en “The animal years”, su álbum del pasado año. Si entonces eran Dylan y Springsteen los nombres que más rápidamente acudían a la cabeza al escucharlo, ahora podrían ser igualmente estos dos, pero también Costello, Ron Sexsmith, Bowie, Simon & Garfunkel, Johnny Cash, los Easybeats o Nick Lowe, quien seguramente firmaría muy a gusto la fantástica “Right moves”, que encaja como un guante en cualquiera de los mejores discos de los ochenta del que fuera miembro de Rockpile.

Hay pues, en esta colección de catorce canciones, hueco para el tono casi festivo del rock and roll de carretera de “To the dog sor whoever” con que arranca el disco, para el pop inmaculado de la citada “Right moves”, para la introspección acústica, para el Folk de raíces clásicas…

Y lo cierto es que en todas estas facetas se muestra Josh Ritter muy inspirado, tanto como en la variedad y el gusto con el que están compuestos e interpretados unos arreglos que acaban convirtiendo al disco en un jugoso botín.

The Hives. “Black and white album”

Hives

Tres años después del notable éxito de “Tyrannosaurus Hives”, la banda sueca regresa con el álbum que debería consolidarles en la élite del rock de garaje contemporáneo, si bien eso está lejos de equivaler a éxito popular. El disco es tan robusto y potente como es habitual en las producciones procedentes de los países escandinavos. Además, los Hives han apañado una variada colección de canciones con un montón de ganchos a los que asirse: pegada en los estribillos, guiños a los clásicos de los setenta, capas y capas de guitarras…

Jens Lekman. “Night falls over kortedala”

Lekman

El celebrado disco de Jens Lekman, saludado con entusiastas críticas por parte de la prensa especializada, aborda géneros y fórmulas añejos, como el “easy listening” o el pop un tanto melodramático de los “crooners” de los años cincuenta. Elegante y con clase, Lekman no acierta en todas las canciones por igual, pero sí ofrece motivos para engancharse a un álbum de tan claro sabor “retro” que pasa por moderno para según qué tipo de críticos.

Babyshambles. “Shotter's nation”

Babyshambles


¿Peter Doherty centrado? Seguro que no, pero el controvertido ex líder de The Libertines sí se las ha podido apañar, al menos, para grabar un disco mucho más afinado que el discreto “Down in Albion” (2005). No es que sea el colmo de la pulcritud –ni falta que hace-, pero “Shotter's nation” suena más a robusto armazón de pop urgente, guitarrero y asequible. Una buena recreación de sonidos que inventaron los Who y los Clash pero que esta vez sí suenan convincentes en un puñado de apreciables canciones.