‘Tintinólogo’ desde los siete años

Es miembro de la Associació Tintincat, que agrupa a seguidores de las aventuras de Tintín
David Baker, con una publicación sobre Tintín.
David Baker, con una publicación sobre Tintín.
Jordi Soteras
«Todos los álbumes de Tintín suman 17.456 viñetas, y de cada una de ellas se podría hacer una conferencia o un libro, como mínimo». Así de contundente se manifiesta David Baker, uno de los 130 miembros de la Associació Tintincat (www.tintincat.com), única de tintinólogos en España. Y es que Hergé, autor de la famosa serie de cómic, documentó las aventuras de Tintín hasta tal punto que se pueden encontrar miles de referencias históricas o geográficas, desde una revolución, a la reproducción de lugares reales. Un simple dibujo secundario de un cuadro o escudo nunca es casual.
 
David Baker empezó pronto su afición por Tintín. «A los siete años me regalaron el primer álbum, al que siguieron otros. Más tarde, en el instituto, competía con mi compañero de pupitre por quién conocía más frases de las aventuras», explica. A los 20 años fue a Bruselas de vacaciones, y allí, en la cuna de Tintín, quedó definitivamente prendado. «Completé la colección de álbumes y compré los facsímiles originales», añade.
 
Finalmente, el acceso a Internet abrió a David una vía para conocer a otros tintinólogos. «En los foros aprendí a leer los álbumes con otra mirada» –admite–, «fue una gran alegría descubrir que no estaba solo».
 
David Baker no es un coleccionista obsesivo de material relacionado con Tintín. «Más bien colecciono investigaciones; descubrir que un avión que aparece en la aventura en el Congo existió realmente, o que un edificio dibujado como fondo en una viñeta existe realmente en aquella ciudad, cosas así», relata.
 
También sale al paso de las recurrentes acusaciones que señalan a Tintín y a su creador como fascistas o filonazis. «En ninguna página de Tintín se demuestra que sea fascista o racista. Al contrario, siempre que viaja a un país no europeo se integra en las distintas sociedades y hace amigos», asegura. Hergé, añade, «era de derechas y monárquico, pero no nazi. Lo que ocurre es que en su juventud trabajaba en un diario que se decantó hacia posturas fascistas, y durante la ocupación estaba en otro diario controlado por los alemanes. Después de la guerra lo intentaron juzgar pero no prosperó».
 
Próxima entrega
 
Albert Castellon: El hombre de Moritz
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