'Nada es más degradante que el hambre, especialmente cuando es producido por el hombre', dijo el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, en la cumbre de la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés).

Además, Estados Unidos y Brasil defendieron la producción de biocombustibles de las acusaciones.

El director general de la FAO, el senegalés Jacques Diouf, dijo que los países ricos gastan miles de millones de dólares en subsidios agrícolas, derroche de comida y armas.

'El exceso de consumo por parte del mundo 'obeso' cuesta anualmente 20.000 millones de dólares, a los que hay que agregar costes indirectos por valor de 100.000 millones resultantes de muertes prematuras y enfermedades relacionadas', afirmó.

Las agencias humanitarias calculan que el enorme alza del precio de los alimentos podría empujar a unas 100 millones de personas a la hambruna. Unos 850 millones ya la sufren.

Ban calculó que para superar la crisis haría falta entre 15.000 y 20.000 millones de dólares al año, y que la provisión de alimentos debería crecer un 50 por ciento en 2030 para satisfacer la demanda creciente.

'Algunos países han tomado medidas limitando las exportaciones o imponiendo controles', dijo. Esto 'distorsiona mercados y fuerza a los precios aún más arriba. Hago un llamamiento a que los países se resistan a tomar tales medidas y que inmediatamente liberen las exportaciones designadas para propósitos humanitarios'.

La Cumbre de Roma marcará el camino para la ayuda alimentaria y los subsidios en la cumbre del Grupo de los Ocho en Japón en julio, así como para lo que se espera sean las últimas etapas de las paralizadas negociaciones de la Organización Mundial de Comercio (OMC) destinada a reducir los controles comerciales.

COMIDA POR COMBUSTIBLE

Los altos precios del petróleo han incrementado el interés en los biocombustibles, responsabilizados por muchos de la subida de los precios de los alimentos.

Estados Unidos canalizará un tercio de su cultivo de maíz para la producción de etanol en 2022 y la Unión Europea quiere que el 10 por ciento del combustible automovilístico proceda de la bioenergía en 2020. Sus defensores dicen que el efecto sobre los alimentos es escaso.

El jefe del Banco Mundial, Robert Zoellick, dijo que África podría beneficiarse de una producción de biocombustibles basada en el azúcar, como Brasil.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, hizo una enfática defensa del etanol producido por su país y criticó con dureza los subsidios a la agricultura de los países ricos, que dijo son los verdaderos culpables de la subida de los precios de los alimentos.

'Veo con desolación que muchos de los que responsabilizan al etanol (...) por el alto precio de los alimentos, son los mismo que hace décadas mantienen políticas proteccionistas', aseguró.

/Por Stephen Brown y Robin Pomeroy/