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La salud financiera es, en términos sencillos, no gastar más de lo que se ingresa, o lo que es lo mismo: aprender a ahorrar teniendo muy presente el futuro y los posibles imprevistos. SABADELL

Mantenerse en forma es una de las tareas que más nos preocupan, y no es para menos, ya que nuestra calidad de vida depende de cómo nos cuidemos. Al igual que debemos mantener ese bienestar, nuestra cartera también necesita de una serie de cuidados para proteger la conocida como salud financiera, pero, ¿qué es? ¿Cómo es la tuya y qué puedes hacer para mejorarla?

La salud financiera es, en términos sencillos, no gastar más de lo que se ingresa, o lo que es lo mismo: aprender a ahorrar teniendo muy presente el futuro y los posibles imprevistos que pudieran desequilibrar la balanza económica. Así, una persona que goce de salud financiera es capaz de hacer frente a sus necesidades básicas, desembolsos no planeados y se garantiza un futuro sin sobresaltos.

A diferencia de lo que se pudiera pensar en un principio, la salud financiera no está tan relacionada con la cantidad de ingresos que alguien perciba, sino con la capacidad de adelantarse a las situaciones inesperadas y la capacidad de ahorro.

¿Cómo medir la salud financiera?

Existen una serie de indicadores en los que podemos fijarnos para determinar cuál es el estado de nuestra salud financiera.

  1. Gastamos menos de lo que ingresamos: Parece obvio, pero es una de las claves fundamentales para potenciar ese bienestar económico: lograr que al final de cada mes se mantengan parte de esos ingresos iniciales.
  2. Colchón de emergencia: Además de ser consecuente con el ritmo de vida que podemos llevar, la capacidad de ahorro es una habilidad que puede perfeccionarse y que nos permitirá disponer de un fondo en caso de emergencia.
  3. Deudas, facturas y tarjeta de crédito: Si combinamos las dos condiciones anteriores, deberíamos poder saldar nuestras deudas y facturas a tiempo, sin necesidad de pedir un crédito o usar la tarjeta para pagar a plazos.
  4. Seguros para un futuro incierto: La capacidad de previsión es indicador de que tenemos una buena salud financiera. Como respuesta, tendremos contratados seguros que cubran situaciones inesperadas o habremos invertido dinero en fondos de jubilación.
  5. Plan de gastos: Las personas previsoras cuentan con un planning sobre cómo invertirán su dinero en el futuro.

Si cumplimos con estos indicadores gozamos de una buena salud financiera. Sin embargo, si el estado de nuestro bolsillo no se identifica con ninguna de estas situaciones, entonces debemos prestar más atención a nuestra cartera y cuidar de su bienestar.

¿Qué hacer para mejorarla?

Mejorar la salud financiera es posible si seguimos una serie de consejos y pautas:

  1. Ser conscientes de nuestros ingresos: Debemos intentar vivir acorde a nuestras posibilidades financieras, por lo que hay que restringir los gastos innecesarios y no desembolsar una cantidad mayor de la que llega cada mes a nuestra cuenta.
  2. Aprender a ahorrar: Cuando llegue fin de mes, hay que intentar no gastarlo todo de una. Siempre es fácil si establecemos una cantidad fija de dinero que no podremos tocar. Si nos resulta muy complicado, siempre podemos recurrir al truco de transferir dicha cantidad a una cuenta ‘bloqueada’.
  3. Pagar ‘aquí y ahora’: Evitar las deudas y comprar lo que realmente podamos pagar in situ.
  4. Pensar en lo que vendrá: Tener como máximas la prevención y la estabilidad nos motivará para aumentar ese colchón que nunca sabremos cuándo necesitaremos.
  5. Asesores: Para quien se le resista aplicar estas medidas, buscar la ayuda de profesionales es la vía más recomendable. Dejarte aconsejar por asesores financieros es un acierto seguro.