Segovia
Los pueblos de esta ruta guardan el encanto de las cosas auténticas. Yendo por la carretera de Peñarrubias de Pirón llegamos a Pinillos de Polendos, donde poder admirar su paisaje. DIPUTACIÓN DE SEGOVIA

Digan lo que digan, en Segovia hay estaciones. Pueblos, ríos, árboles y pájaros respetan el ritmo natural de la vida y eso se agradece. En primavera, el bosque de ribera ofrece un complemento bellísimo, un paisaje que es aún más espectacular en otoño.

Estas características hacen una delicia del camino que discurre por las tierras del Polendos. En Cabañas de Polendos siempre han hecho parada los arrieros y los viajantes en su camino entre Segovia, Turégano y Sepúlveda. Una ruta que conviene seguir, para no abandonar las buenas costumbres.

En nuestro paso por la zona, hay que recordar que las ventas son un merecido homenaje a los tratantes y pastores que daban vida a los caminos. Si bien hoy las cosas han cambiado, todavía se ofrece la comida más básica y sabrosa: huevos fritos con chorizo y lomo, un acto revolucionario en una tierra en la que los visitantes creen que solo se come lechazo y lechón. Después de degustar este modesto pero exquisito manjar y con la energía bien agarrada al riñón, se puede continuar el camino.

El primer fin de semana de mes convendría visitar a los artesanos locales, que aprovechan para hacer jornada de puertas abiertas. Un total de 11 artesanos dedicados a la alfarería, el textil, la madera y el vidrio, entre otras profesiones, que unidos a los que han rehabilitado la fragua de Mata de Quintanar ofrecen una saludable revitalización de la zona.

Por el camino, un desvío nos conduce a Peñarrubias de Pirón. Si hasta ahora la carretera atravesaba soledades, en este tramo parece que ya viajamos por un paisaje de otro tiempo. Al ser una carretera sin salida, de las que no sirven de paso hacia ninguna parte, encontramos unos valles poco transitados, por donde es posible conducir muy lentamente, disfrutando del poco tráfico y, llegado el momento, aparcar y continuar a pie con la travesía.

Los ríos Pirón y Viejo han creado, en este terreno calizo, unos cañones de reducidas dimensiones pero muy sugestivos, donde abundan los lugares para entretenerse. Se puede caminar hasta el molino de Covatillas y luego seguir en busca de puentes, ermitas y fuentes.

Cuevas y el Tuerto Pirón

En la cueva de la Vaquera los arqueólogos han encontrado importantes restos antiguos. Para hacer una visita completa al interior se debe ir con guías y un equipo especializado a través de algunas empresas que organizan excursiones por la comarca. De la cueva de la Vaquera se dice que era el refugio del Tuerto Pirón, el bandolero más afamado y asilvestrado que han dado las tierras segovianas. De él se cuentan verdaderas leyendas, desde sus aventuras como sanguinario salteador de caminos, hasta que en realidad era una especie de Robin Hood.

El caso es que los viajeros que en la segunda mitad del XIX transitaban por esta comarca debían tener cuidado de no toparse con su cuadrilla. Ya sea para evitar las angustias de encontrarse con un bandolero o simplemente para buscar historias curiosas, tal vez se pueda hacer un pequeño desvío hacia Escalona del Prado, en donde podemos averiguar por qué aquí se guarda una copia legítima y certificada de la Sábana Santa de Turín, la cual se expuso en las Edades del Hombre de Segovia de 2003, donde permanece desde el siglo xvii, misma época en la que se inició la famosa subasta de rosquillas de sus fiestas patronales, aunque no se conoce relación entre ambas.

Aquí se habla de historia pero también de gastronomía. En algún momento aparece el cartel que indica el camino a Cantimpalos, nombre que es casi sinónimo de la industria chacinera, sobre todo por sus famosos chorizos; o el de Valseca, famoso por sus garbanzos. En estos parajes poco transitados de Segovia hay mucho que ver y comer, y no necesariamente esos dos famosos platos con los que siempre se asocia a estas tierras.

PARA COMER

VENTA PINILLOS

C-603, 83. Pinillos de Polendos, Segovia.