Macaco
Macaco, en una imagen promocional. SONY MUSIC

Macaco regresa cuatro años después de su último disco, Historias Tattooadas (2015, Ariola Records), y lo hace más salvaje que nunca. Sin perder su esencia, el barcelonés vuelve a cantar al planeta Tierra reivindicando –más alto que de costumbre–  la responsabilidad social, desde la ironía y con una gran diversidad de voces (Joan Manuel Serrat, Inma Cuesta, Miss Bolivia o Nach) y géneros (rumba, reggae o electrónica). 

¿Por qué titula El disco Civilizado como los animales?

El nombre surgió de una manera muy natural. En mi casa siempre se ha escuchado mucha música y mi padre solía poner una canción de Roberto Carlos. En un momento dado, resonó este título: fue uno de los primeros himnos medioambientales de la música hispanolatina y una canción prohibida por la dictadura. En mi caso, he tenido la suerte de tener un par de hits de esa temática: Mamá Tierra (2006) y Moving (2008). Este título es la suma de las dos canciones. Por otro lado, Civilizado como los animales es volver a comunicarse con los ojos; es evolución y esencia. [Señala el teléfono móvil] La cacharrería está bien, pero creo que estamos atrasados en la comunicación emocional. También hay una canción, Salvajes, que no está en el disco pero saldrá más adelante, que utiliza en el estribillo ese "civilizado como los animales".

Dice que sus discos siguen "unas líneas conductoras". El álbum es muy heterogéneo, ¿cuál es el denominador común de todas las canciones?

Creo que son los acordes sobre lo mediterráneo y lo moruno. Soy fan de lo Morricone. La canción Somos la fiesta empieza con unos acordes y melodías que transportan a las películas de Sergio Leone. También suena una rumba clásica y esto me gusta, porque hacer cosas antiguas puede ser tan moderno como los estilos electrónicos. También hago muchas colaboraciones y el toque mediterráneo lo doy, sobre todo, en De serie con el Niño de Elche y Bego Salazar; o en Ovejas negras, con Inma Cuesta.

¿Qué es lo que más le importa expresar?

Quiero que las canciones transmitan. El disco tiene tres ramas: la primera es la de 'cantautor galáctico', otra es la faceta cañera o alternative y, por último, la parte más luminosa del álbum, con canciones sencillas e hipnóticas. Los juegos estilísticos de hacer por hacer nunca me han atraído.

El álbum está repleto de colaboraciones, algunas internacionales, ¿es esta una forma de dotar al álbum –aún más– de la universalidad que caracteriza a Macaco?

Esa es una idea muy acertada. Lo hispanolatino está hirviendo y quería colaborar con muchos artistas, desde gente consagrada como Drexler, hasta jóvenes que me gustan como Green Valley, Rosalía... En Somos la fiesta hay muchos artistas, y solo dicen una frase. Todo se fue dando, entramos en un bucle de locura.

Igual que Salvajes se quedó fuera, ¿ha pasado esto con más canciones en el disco?

Sí, muchas no han podido salir. Hay bastantes singles en este disco, ¡y muchos vídeos! De hecho, estoy como loco por dirigir, me he metido en ello con Gus Carballo. Una vez salgan todos los vídeos del álbum, sacaré canciones sueltas.

¿Es su primera experiencia dirigiendo?

En los campamentos de refugiados saharauis, Javier Fesser (Campeones) y yo pillamos mucha onda. Él hizo un pequeño vídeo improvisado, Mundo roto (2009), para hacer altavoz de un Sáhara libre. Después, yo me encargué del tema para su película Mortadelo y Filemón (Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo, 2014). Él me decía:"Cada arte tiene su técnica". Mi primera experiencia ha sido con el videoclip de Bailo la pena, después con el de Lo quiero todo. Ahora, tengo en mente rodar una película documental.

¿Tendrá relación con el disco?

No, es aparte. Esta temporada voy a trabajar mucho en los videoclips, aunque también estoy centrado en este guion. Tiene que ver con el mundo de la música, pero no puedo dar más pistas.

Lo ha definido como un trabajo optimista, pero en la segunda canción, De serie, hay una fuerte crítica a la sociedad actual...

Sí, me gusta poner temáticas sobre la mesa para plantear diálogo y debate. Es un tema agridulce. Cuando dice "un novio que combine con tus ojos, que te dé la razón"; o "que quede bien en la foto", me refiero a redes sociales como Instagram.

Instagram es una proyección de nuestro ego. En Blue habla de "nuestra alimentada autoimportancia".

[Tararea] "Nuestra falsa proyección de nuestra posición privilegiada". Canto sobre el empoderamiento, el querernos a nosotros mismos, pero desde el respeto. Si te pasas, acabas mal. Debemos mirarnos desde lejos, como haría nuestro mejor amigo, quien te quiere bien y te dice de qué cojeas. Que no está mal recurrir al ego para empujar cosas, pero sin llenar toda la habitación porque, entonces, no dejas que nada entre.

Lengua de signos trata de amor. ¿Qué Macaco tenía más ganas de publicar el disco: el cariñoso o el reivindicativo?

Los dos, porque soy muchos Danis y muchos Macacos. Hablo del amor desde muchas posturas: la aceptación, en Lo quiero todo; la ruptura, en Quédate...

También canta: "El mundo, en un envase para reciclar". ¿Le preocupa el cuidado del planeta?

Es que, con esta cosa de la inmediatez, devoramos sin hacer la digestión. Y hasta el mundo nos lo comemos. Estamos peleándonos todos por un grano de arena cuando solo somos un granito en el universo. Blue la compuse pensando en la visión del científico Carl Sagan y su mirada con perspectiva.

¿Cómo llegan mejor al público los mensajes de alerta: desde el buen rollo a ritmo de hip-hop y rumba, o desde una forma musicalmente más seria?

De las dos maneras, por eso intento jugar desde ambos lados. Me encanta usar la ironía y en el disco lo consigo. Sabina decía que es imposible componer si no estás hecho polvo. No estoy de acuerdo del todo, confío en la luminosidad de Marley y otros cantautores.

Entonces es de los que compone desde la alegría.

Sí... y no. Pero es verdad que me gusta hablar con un tono bright.

Su frase "todo ocurre en un momento, en un instante, las estrellas dicen que somos fugaces", ¿es una crítica a la inmediatez o una oda al presente?

Habla de las dos cosas. En occidente, lo queremos todo en el momento y algunas cosas ya no requieren esfuerzo. Por ejemplo, no tenemos tiempo de comprar algo y lo pedimos por Amazon.

¿Se ha sentido presionado en su trabajo como músico por este requerimiento de la producción "en serie" y la inmediatez?

Sí, pero soy muy rebelde y voy mucho a la mía. Por ejemplo, cuando subo algo a Instagram a veces me dicen "oye, no se puede colgar esto porque es muy largo, la gente prefiere cosas cortas". En Coincidir (2015), me decían que había mucha letra y que no iba a funcionar: "¡Dani! Hay mucha letra, sácala, tío". Y yo respondía que no quería quitar nada del tema, seguí mi instinto. Ninguna radio la quiso poner, pero empezó a correr por América. Fue una locura: empezaron a subir las reproducciones y hasta me enviaban tatuajes con letras de la canción. Es un hit, pero no ha sonado en ningún sitio.

Quizá, porque en la actualidad ya no todos los hits suenan en la radio. Con internet las cosas funcionan de otro modo.

El medio es la vía, pero lo importante es el contenido. Instagram y YouTube, con esto de la viralidad, ayudan a que las canciones se muevan. En la música ya no hay reglas. Si la canción no conecta con el imaginario colectivo, no funciona. El chico o la chica más guapos y con la voz más bonita ya no tienen por qué triunfar; pero quien cuenta una letra muy buena, sí.