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Imagen de un gotero en un hospital de Madrid. EUROPA PRESS - Archivo

Tras el desmantelamiento de la estructura de cuidados que conocimos durante la crisis, en estos últimos cuatro años hemos vivido en Madrid dos proyectos antagónicos a este respecto: el del Ayuntamiento y el de la Comunidad. Mientras Manuela declaraba que Madrid sería una ciudad de los cuidados, el gobierno del PP, de la mano de Ciudadanos, se dedicaba a continuar la degradación de los servicios públicos: privatización de nuestros hospitales, recorte de la atención primaria, abandono de nuestras residencias y maltrato laboral a las trabajadoras de nuestras casas de acogida para mujeres víctimas de violencia. Mientras que el Ayuntamiento de Madrid ha construido 13 nuevas escuelas infantiles, la Comunidad no ha construido ninguna.

La apuesta feminista del proyecto político de Más Madrid tiene que ver, entre otras, con una apuesta por unas instituciones que nos cuiden. Esto implica cambiar radicalmente la manera en la que se gobierna, instaurar nuevos sentidos comunes en nuestra manera de trabajar y crear administraciones que asuman que el cuidado no es solamente un asunto privado que deba recaer en las familias y, dentro de ellas, en las mujeres. Un primer marco para esta reorganización sería la Estrategia Regional por el Derecho al Tiempo, una base para que los servicios públicos (de las diferentes administraciones) se coordinen con un objetivo claro: que madrileños y madrileñas tengamos más y mejor tiempo.

Los cuidados requieren de administraciones corresponsables, que no nos aislen en esa responsabilidad, sino que nos vinculen. Eso implica firmar un pacto intergeneracional que garantice que nuestros mayores no pueden seguir maltratados en listas de espera: necesitamos 7000 plazas más en residencias públicas gestionadas con criterios de calidad. Pero es también un pacto con quienes cuidan, a quienes no podemos seguir abandonando o maltratando laboralmente. Necesitamos generar programas de apoyo y profesionalizar la labor de tantas mujeres trabajadoras domésticas o del hogar a las que ya hace mucho que les debemos una equiparación total en derechos al resto de trabajadores. Y necesitamos erradicar la precariedad de esos empleos feminizados de quienes cuidan a nuestros mayores, a nuestras personas dependientes o a las mujeres víctimas de violencia.

Queremos que el cuidado nos permita construir autonomía en todas las facetas de nuestra vida, que sea la base de nuestra independencia y de nuestra capacidad de decidir. Y, queremos, al mismo tiempo, que sea una responsabilidad colectiva y deje de ser una obligación que recae en los hombros de las mujeres a costa de su independencia económica y de sus derechos. El cuidado, en una sociedad democrática no puede ser el privilegio de algunos y el deber de otras, tiene que ser un derecho de todas. Porque el cuidado es una de las bases de lo que nos convierte en una sociedad sólida. Por eso, vamos a seguir construyendo una Ciudad con C y vamos a ganar una Comunidad con C, con C de corresponsabilidad, de conciliación y de cuidados.

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