Otro porno es posible

Es cierto. O al menos eso defienden en el Pornolab. Mientras Barcelona es la capital de la industria erótica, Madrid se convertirá en julio en el gran taller creativo de la experimentación.
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Por un porno digno. Contra la industria de fabricación de guerrilla y ese onanismo de apaño sin arte ni virtud. Para romper con los monopolios que se han apropiado de los iconos del deseo... ya existe  un nombre: Pornolab.

Porque hay vida más allá de las catacumbas de las salas X, y no todo mide 30 centímetros. Porque más vale lengua que fuerza. Y mejor que ella eyacule primero. Todo con sonrisas, y «ahhhhh...». Para todos los amantes de la lubricación ideal... se presenta en Madrid Pornolab.

El centro cultural Conde Duque se convertirá del día 8 al 10 de julio en el cuartel de unos concupiscentes talleres sin parangón. «Vamos a hablar del porno que nos gustaría ver, vivir la sexualidad de manera comunicativa, clara, directa, desde la imaginación social, reivindicando el derecho legítimo al deseo», explica Jordi, unos de los organizadores.

La iniciativa ha surgido de diversos grupos de experimentación social y arte político (Yo Mango, La Fiambrera, etc.) y su inauguración coincide a conciencia con el juicio a los okupas del El Laboratorio, espacio donde Pornolab fue gestado.

Pero ¿qué es?

Talleres de depilación, de autoproducción de juguetitos eróticos, análisis y debates sobre la evolución del porno en España –desde el primer pecho que impactó nuestras retinas hasta los excesos de Nacho Vidal–, nuevas formas de relación amatoria, las llamadas pornotopías... Todo ello se ensalzará en la erección global del Porno Duque.

El icono de este certamen –que tiene el objetivo de perpetuarse con nuevas ediciones– es la actriz y directora Annie Sprinkel. Ella se ha convertido en una abanderada del porno femenino que lucha contra la figura humillante de la mujer en el porno para hombres. Por problemas de salud, esta heroína finalmente no podrá asistir a las charlas. Sin embargo, Manuel Romo (autor del documental de Canal + Cuando España se desnudó) y el director José María Ponce (autor del libro El destape nacional) sí que tienen previsto asistir.

La revolución cunnilingus

Porque cada maestrillo tiene su librillo, y no todo calentón sale con ducha fría, los talleres de cunnilingus mostrarán el arte científico del orgasmo femenino. «Buscamos un porno divertido, que no sea un tostón», dice Ernesto, de Pornolab. «Es un desafío a la industria, a ver si se animan», dice Jordi. La revolución, esta vez, empieza en los bajos.

La vanguardia del nuevo erotismo social

Los talleres apuestan por el porno femenino y otros modelos de convivencia amatoria. El porno hecho por mujeres, y no para mujeres, tiene su máxima expresión en directoras como la feminista francesa Ovidie, Angela Tiger y su película El perfume del deseo, la estadounidense Annie Sprinkle o, en España, Sandra Uve. «Es un cine más natural o artístico, menos grotesco. No se trata de una nueva sensibilidad, la diferencia se encuentra en la elaboración de la película», dice Sandra.

En el apartado de las pornotopías se hablará del polyamory. Se trata de un modelo de relación amatoria, evolucionado de las comunas hippies de los sesenta, que se basa en tener varios amantes. Defienden relaciones múltiples, pues consideran que «la monogamia genera graves problemas», y está muy extendido en la Red. También se tratará el tema de la poliandria: una sola mujer goza de varios compañeros.

El tantra hindú y la excéntrica dildología serán para otra edición...

Consolador personalizado

Una de las grandes atracciones del Pornolab es el taller de autoproducción de dildos a sólo dos euros. Los dildos son consoladores que no incluyen ningún sistema mecánico. «Mostraremos cómo se realizan los moldes de escayola en silicona –desde un pepino hasta otro con forma de helado–, para añadir después los elementos químicos que endurezcan la silicona», explica Neli, maestra dildera. Aunque avisa, «no es tan fácil, se necesita ser un manitas, al menos los asistentes se podrán llevar el suyo a casa».

‘El destape nacional’

Obras como las de Romo o José María Ponce repasan nuestro porno.

Primer desnudo: En 1976, La trastienda, de Jordi Grau, mostró tímidamente el pubis de la actriz María José Cantudo.

Muerte de Franco: El vacío legal permitió las películas de Pajares y Esteso, entre otros. Mientras, en Francia era el boom del erotismo: Emmanuelle y El último tango en París...

Clasificación S: En 1978-1979 apareció la clasificación nacional de filme S, que incluía películas en donde se simula el acto sexual. El género dio directores como Jess Franco, Carlos Aured o Ignacio F. Iquino.

Porno duro: Con la ley Miró de 82 se abrió la veda. Destacan directores como J. M. Ponce, Narcís Bosch y Nacho Vidal.

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