El Vaporcito, emblema de la Bahía de Cádiz, será luz y guía de los mares del Bicentenario

  • Acuerdo con Diputación para bordear el Cádiz constitucional.
  • Un célebre buque de pasajeros que siempre funcionó a motor.
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El Vaporcito se dispone a atracar en el embarcadero de San Ignacio, en El Puerto de Santa María. M. V.
El Vaporcito se dispone a atracar en el embarcadero de San Ignacio, en El Puerto de Santa María. M. V.
M.V.

Que se enteren los despistados. El celebérrimo Vaporcito del Puerto que hace el trayecto marítimo entre Cádiz y el Puerto de Santa María desde tiempos inmemorables siempre ha funcionado a motor. Es más, su entrada en circulación como transporte marítimo de pasajeros a través de la Bahía de Cádiz comenzó cuando el Ayuntamiento prohibió que la línea marítima de pasajeros en buques de vapor hiciera este periplo, a raíz del estallido de la caldera del vapor Cádiz el 9 de julio de 1929, cuando se hallaba atracado en el muelle de San Ignacio.

Entonces se instaló en Cádiz la familia propietaria de la empresa Motonaves Adriano. De su pequeña flota hoy sólo funciona el Adriano III, el Vaporcito por antonomasia, construido en los astilleros de San Adrián (Vigo), y que sigue infatigable transportando pasajeros y turistas desde la capital a esa gran ribera del marisco gaditano que es El Puerto de Santa María.

Con esta historia, como dejarlo al margen de la Historia con mayúscula de Cádiz y de ese hito sin parangón que fueron los turbulentos años que cristalizaron en la Constitución de 1812. De esta manera, esta empresa familiar ya tiene convenido con la Diputación Provincial hacer viajes específicos e ilustrativos del Cádiz del Bicentenario, bordeando la fisonomía de sus aguas interiores a la Bahía. Todos los jueves, de mayo a septiembre de 2012, de doce del mediodía a dos de la tarde, y manteniendo sus servicios ordinarios.

<P&gr;El armador Andrés Fernández, gerente del Vaporcito. M. V.</P&gr;

El armador y actual gerente de Montonaves Adriano, Andrés Fernández, no se atreve todavía a adelantar la singladura exacta de este paseo por el Mar de la Libertad. "Aquí en la Bahía jugamos mucho con los vientos, sobre todo el de Poniente, y eso puede obligar a cambiar el trayecto o a suspender incluso el servicio. Que el Vaporcito lo hace poco", apunta Fernández.

El armador exhibe con orgullo las características que permite a este pequeño buque de pasajeros ser tan pertinaz en la prestación del servicio: "Tiene un calado (longitud sumergida en el agua) de 2,40 metros. Eso le da una gran estabilidad. Lo que ocurre es que, aunque aguante, muchos pasajeros se pueden sentir incómodos y fatigados. Y con el transporte terrestre que existe ya en la Bahía, nadie se expone a eso", continúa.

25 metros de eslora y seis de manga, construido inicialmente con madera de roble americano, pino gallego y acacia. Aunque las continuas y onerosas reparaciones que precisa una embarcación de estas características, que normalmente acomete el Varadero de Guadalete, han hecho que el compuesto lígneo se haya visto sustituido por pinos de Flandes, etc.

El Vaporcito forma hoy un elemento clave del mismo sentimiento de pertenencia en todas las poblaciones de la Bahía de Cádiz, es parte de la gente misma y la autoridades lo saben muy bien. Hoy tiene que competir con el moderno servicio de catamaranes del Consorcio de Transportes. A diferencia de estos últimos, el Vaporcito no está subvencionado, aunque los ayuntamientos tratan de prestarle auxilio concertando y asumiendo el coste de los viajes de asociaciones de vecinos, colegios, etc.

Y para el 2012, se vestirá de gala.

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