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Un hombre vapeando un cigarrillo electrónico. PIXABAY

Un vecino de Barcelona ha interpuesto una demanda contra el establecimiento que le vendió una batería de pitillo electrónico que le explotó en el bolsillo en junio de 2017, provocándole importantes quemaduras en la pierna. Tuvo que ser ingresado a la Unidad de Quemados de Vall d'Hebron e intervenido con un injerto de piel de la otra pierna. El afectado reclama más de 17.343 euros por las secuelas físicas y psicológicas sufridas, y ha vuelto a fumar tabaco ordinario.

Raúl G.B., vecino de 38 años del barrio de Vilapicina, adquirió en diciembre de 2016 y en marzo de 2017 unas baterías de cigarrillo electrónico en un establecimiento de la avenida Meridiana que vende estos dispositivos. No tuvo nunca ningún problema hasta que hacia las 7 de la tarde del 20 de junio de 2017 iba a entrar un estanco cerca del paseo Fabra y Puig y la batería, fabricada en China, que llevaba en el bolsillo delantero de la pierna derecha del pantalón se incendió y explotó. Le quemó el pantalón y la camisa. El estanquero y su hijo lo atendieron y avisaron el SEM, mientras algunos peatones huyeron corriendo pensando que se trataba de un atentado terrorista.

Fue trasladado al hospital Vall d'Hebron, donde se le hizo un tratamiento dérmico y se le dio de alta el 23 de junio. Tres días después, el 26, el hombre volvió al hospital explicando que le hacía mucho daño la pierna y que las heridas habían empeorado su aspecto, y quedó ingresado a la espera de ser intervenido quirúrgicamente, operación, el 4 de julio, que consistió en la extirpación de un trozo de piel del muslo izquierdo para injertarlo en la parte quemada de la parte interior alta del muslo derecho. La mano derecha también le quedó afectada, sobre todo el movimiento en uno de los dedos por la afectación en un tendón. Tenía quemaduras de segundo y tercer grado al 4% de la superficie corporal. Fue dado de alta el 11 de julio.

Las semanas y meses siguientes acudió varias veces al hospital y al CAP por el dolor de las heridas, y empezó una terapia psicológica por trastorno ansioso-depresivo y estrés posttraumático. De hecho, el hombre trabajaba desde diciembre de 2016 como camionero en una empresa de Viladecavalls (Vallès Occidental) y transporta mercancías peligrosas. El 9 de agosto pidió el alta voluntaria para poder volver a trabajar, pese a las molestias y el temor a transportar productos inflamables, por miedo a ser despedido. Durante meses revivió la explosión, tuvo problemas para dormir y sufrió ciertas obsesiones como asegurarse de que los aparatos eléctricos, el 'router' y las luces estaban bien apagados.

Recibió el alta médica definitiva en mayo de 2018 y la psicológica, en febrero del mismo año. En la demanda se incorpora un informe pericial de un médico forense y otro de la psicóloga que lo trató.

La demanda explica que en la prensa se pueden encontrar muchos ejemplos de casos similares, y que la batería comprada por el afectado no tenía ninguna indicación ni recomendación de precauciones. De hecho, al comprarla, la batería solo va dentro de una caja de cartón, sin funda o protector para evitar quemaduras. No lleva ni instrucciones, y las letras de la caja no están traducidas al castellano. Además, la propia web de la empresa demandada advierte de la peligrosidad de las baterías.

El demandante intentó llegar a un acuerdo extrajudicial con la empresa suministradora, pero la aseguradora de la compañía lo descartó.

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