La huelga de la EMT deja colgados a 450.000 viajeros
Una multitud de viajeros agolpándose ayer por la mañana para poder subir al autobús de la Línea 82 en Moncloa. (Jorge París)

Con paciencia, resignación, y algún que otro enfado, miles de usuarios de los autobuses urbanos de la capital se apiñaron ayer en las marquesinas a la espera de poder subir al autocar.

La segunda jornada de la huelga de la Empresa Municipal de Transportes (EMT) –secundada, según sindicatos, por el 100% de los 7.500 trabajadores y por el 40%, según la EMT– dejó ayer tirados a 450.000 viajeros que llegaron tarde a trabajar porque «se han incumplido los servicios mínimos (del 50%) y sólo se ha ofrecido la cuarta parte de los autobuses de un día laborable normal», según fuentes de la EMT. La situación fue muy complicada hasta mediodía, aunque por la tarde mejoró.

Esto, unido a retrasos medios de más de dos horas en la salida de los buses de las cocheras por las «inspecciones exhaustivas y pormenorizadas» a las que los sometieron los sindicatos, hizo que muchos usuarios optaran por el metro o el taxi. El suburbano registró un 9,7% más de usuarios, lo que hizo que este medio de transporte fuera «un poco más incomodo de lo habitual», informó Metro. Los taxistas, por su parte, aumentaron la facturación «entre un 25% y un 30%», explicó la Gremial, aunque el tráfico no se resintió demasiado: sólo aumentó un 3%, según datos del Ayuntamiento.

Los paros, con los que los trabajadores reclaman mejoras laborales, se reanudarán mañana miércoles en tres turnos: desde las 0.00 de esta noche hasta las 2.30 de la madrugada; de 6.30 de la mañana a las 9.00 h y de 17.00 a 19.30. El viernes, además, habrá una huelga de 24 horas. También hay más protestas convocadas para marzo, tanto de 24 horas (días 3 y 7) como parciales (días 5, 10 y 12).

Sin forma de desplazarse

Carmen Rubio. 71 años. «Llevo media hora esperando el autobús. Siempre pagamos los que vamos a pie», contaba ayer esta jubilada en Moncloa. Carmen iba «con el tiempo justo» y decía no estar «para esperas». Ella, además, no puede permitirse coger a diario un taxi porque «se me van 15 euros fácilmente».

Víctor Chapinal. 20 años. «Llevo casi media hora esperando el 82», se quejaba ayer Víctor, que llegaba tarde a clase. «Menos mal que todavía no he empezado los exámenes. Si sigue la huelga tendré que pasarme al metro, pero no me viene nada bien, porque desde la parada tengo que andar un cuarto de hora».

Sonia Espínola. 27 años. Tras quince minutos esperando al bus 161, Sonia sabía ya que iba a llegar tarde al trabajo, lo que le supone «hacer horas extra». Las huelgas le parecen «bien si son para un buen propósito, el problema es que éstas afectan a muchísima gente que no tiene culpa de nada».