'Perfectos desconocidos'
Reparto de la versión teatral de 'Perfectos desconocidos' dirigida por Daniel Guzmán y protagonizada por Alicia Borrachero. Teatro Reina Victoria

Para directores como Daniel Guzmán, "el teatro tiene que ser vida", donde "no haya una frontera entre la realidad y la situación imaginaria" y "el público sea un personaje más", un objetivo que le ha llevado a tomar retos como Perfectos desconocidos, nueva adaptación teatral del exitoso film italiano que en España ya versionó Álex de la Iglesia.

"No quiero ver teatro encima del escenario, quiero ver vida. No quiero alejarme, quiero estar dentro y que los actores estén conmigo en el patio de butacas porque cuando se produce esa comunión, el teatro es maravilloso", ha afirmado Guzmán.

Desde este miércoles, el Teatro Reina Victoria acogerá esta "orgánica" y "efímera" versión teatral de Perfetti sconosciuti, película dirigida por Paolo Genovese que, en esta ocasión, versiona y dirige el también actor Guzmán (Madrid, 1973), ganador del Goya a Mejor Director Novel por A cambio de nada (2015).

Perfectos desconocidos relata la historia de un grupo de amigos de toda la vida que quedan para cenar y, durante la velada, uno de ellos propone un juego: poner todos los móviles en el centro y compartir todos los mensajes y las llamadas que reciban, de manera que no quede nada oculto.

"Del proyecto me atrajo mucho la premisa de la historia, que es el uso del móvil, básicamente. Esta te cuestiona cuál es el límite de nuestra intimidad o el lugar que ocupan los secretos de cada uno. Me inquieta bastante, ya que esta cercanía que ofrecen las nuevas tecnologías, nos alejan de nuestra propia vida", ha explicado.

Para acercarse a esta historia en tono de comedia que, a su vez, invita a la reflexión, Guzmán buscó un elenco que fuese un "grupo de amigos en el escenario" y "que estuviese al servicio de la historia y no de ellos mismos". Los encontró y son Alicia Borrachero, Antonio Pagudo, Olivia Molina, Elena Ballesteros, Fernando Soto, Jaime Zataraín e Ismael Fristchi.

"Cuando me puse al mando del proyecto, era consciente de la dificultad que tenía, al ser una obra ya versionada en el cine, pero me pareció un reto llevarlo al escenario. El teatro se diferencia por el aquí y ahora, el valor efímero como en la vida. Una reunión de amigos que no se va a volver a producir", ha añadido.

Sin planos ni secuencias, de principio a fin, los siete actores no salen en ningún momento del escenario, algo que "tiene mucha dificultad a la hora de dirigir", pero que es resultado de "entrenar el músculo de la organicidad".

La función cuenta con una escenografía minimalista "elegante y sugerente" compuesta por tres sofás, una cocina, un baño y una terraza, cuyo juego de luces llevará al espectador a recorrer las diferentes situaciones que se vivan en cada momento.

"Es una función realista, donde la verdad y la credibilidad prima por encima de todo. Puedes pasar de la carcajada mas absoluta a no poder respirar en el asiento por el giro que acaba de dar la función. Por ello busqué la convención con la imaginación del espectador y el teatro. Y esta estructura 'a pelo' se adapta perfectamente a los objetivos", ha añadido.