Sharif
El rapero Sharif BOA

Pocos raperos pueden presumir de saber rimar con tanto fundamento y base como el zaragozano Sharif, que cuenta con una licenciatura en Filología Hispánica y todas las ganas posibles de aprender y evolucionar.

En ese afán de no quedarse en zonas de confort, en su último trabajo, Acariciado mundo (Boa), ha introducido sonidos más modernos y electrónicos.

La gira que recorrerá España está siendo un éxito total. Ya ha agotado entradas en su próxima parada, Zaragoza, el 28 de abril.

¿Le ha cambiado mucho estudiar Filología Hispánica?
Sí, claro. Es muy diferente: yo hice Informática con 18 años y con 31 he hecho Filología y solo por placer.

Si nos dedicáramos a lo que de verdad nos gusta y queremos, como estudiar Filología por placer en vez de Informática por obligación, ¿el mundo iría mejor?
Es que muchos de los grandes problemas sociales derivan de ahí, de los traumas y la frustración que genera hacer lo que no te gusta, no poder dedicarte a tu vocación. Pero ¿qué pasa si no te pagan tu trabajo?

¿Usted lo haría?
Bueno yo escribo y tengo la suerte de ganar dinero por hacer lo que me gusta. En este mundo existe el dinero... Nos guste o no, es así. Yo he estado muy perdido en mi vida y en esos momentos me hacía esa pregunta: ¿seguirías haciendo lo que te gusta aunque no te diera para vivir?

¿Cuándo ha estado más perdido?
Tuve una época muy crítica, de crisis total, como todos, supongo. Igual que hay momentos en los que tienes las cosas claras y sientes que ocupas un lugar en el mundo.

¿Y otras?
Otras tienes que enfrentarte a la aceptación de uno mismo. Cuando sales al mundo, la realidad y el deseo no suelen coincidir, más bien están en conflicto. Y ahí se desmorona el imaginario. El mundo no funciona como nos han contado. Y acabas aprendiendo a fuerza de desengañarte.

¿Se ha desengañado de búsquedas como la libertad o con esa permanece firme?
Soy una persona muy agradecida en ese sentido, y tengo ya la experiencia suficiente en la vida para saber que soy un privilegiado. Soy todo lo libre que puedo ser en esa sociedad. Pero podemos vivir en un mundo mucho mejor.

¿Siente que con Acariciado mundo ayuda a esa mejora?
El arte ayuda a mejorar el mundo o a entenderlo mejor al menos. El arte en cualquiera de sus formas es un reflejo que ayuda a descifrar el mundo. Llega a instintos muy primitivos. Y en mi caso siempre hablo de mí y así llego a más  gente, o al menos lo intento, y logro empatizar. Y no sé si es un vicio o una virtud pero es de lo que escribo, de lo que vivo.

¿Cuántas veces se ha destruido?
Cada vez que uno tiene un desencuentro o un desengaño se destruye. Cada vez que nos pegamos una hostia nos destruimos. Y para mí la música es medicina.

Y el ser humano tiende a regodearse en la tragedia...
El corazón es un traidor y le gusta revolcarse en el barro. El universo para mí es todo a la vez, alegría y tristeza, y siempre lo he vivido así.

¿Solo tenemos el amor como 'arma' contra el mundo?
Al final el amor es el punto de partida y de llegada. Es un escudo y una espada. Y es lo que nos hace tolerar el mundo.

¿Cuánto dolor hay en su disco?
Hay mucho amor, desengaño y desesperanza. Porque hay mucho amor en el desamor; así somos. Y siempre está en lo que escribo.

¿Estamos perdidos sin amor?
Es el sentimiento más puro, el más barato y más eficaz: el amor. No hay droga más adictiva.

¿Le parece a usted una contradicción hablar de hip hop culto?
El rap tiene esa rabia callejera del Bronx que es donde empezó, pero hay gente que cuidamos mucho lo que escribimos. Lo que creo en realidad es que a todo lo llamamos poesía con demasiada facilidad. Yo no me atrevería a llamarme jamás poeta, porque ser poeta es algo mucho más grande que lo que yo hago.

¿Nota algún cambio en su manera de escribir ahora que es filólogo?
En lo lírico noto que yo tengo más cuidado todavía. La esencia es la misma y los temas también, porque son universales. Yo hablo de honor, angustia, amor y justicia. Lo que sí he hecho en mi último trabajo ha sido intentar huir de lo más canónico pero sin traicionar a nadie.