El acusado, de 34 años, había realizado trabajos de fontanería en la vivienda previamente y conocía las costumbres y circunstancias de esta familia, cuyo cabeza de familia tiene una "dependencia total" de terceras personas para poder realizar sus actividades diarias y una movilidad muy limitada. La hija padece un trastorno esquizoafectivo bipolar, por lo que presenta una "especial y grave vulnerabilidad".

En este contexto, el 26 de julio de 2016, el acusado supuestamente se presentó en la vivienda, situada en la capital, y convenció a la hija del matrimonio para que le abriera la puerta. Así, "registró a su antojo diversas estancias y mobiliario hasta hacerse con un sobre que contenía 120 euros" y se marchó, según consta en el escrito de acusación provisional del Ministerio Público, al que ha tenido acceso Europa Press.

Al día siguiente por la mañana, presuntamente esperó a que el anciano saliera de la casa y aprovechándose de su situación le dio un empujón y le obligó a regresar a la vivienda. Una vez allí, "esgrimiendo lo que parecía ser un arma de fuego" amedrentó a los tres miembros de la familia, llegando a disparar en dos ocasiones para infundir más temor a las víctimas.

Acto seguido, se encerró en un dormitorio y maniató a las dos mujeres, advirtiéndoles de que no se movieran de allí ni avisasen a nadie y de que su primo estaba vigilando en el exterior del edificio.

Rompió la persiana de la habitación y ordenó al anciano que cogiera su cartilla del banco y su DNI. Ambos se trasladaron hasta una oficina bancaria y el acusado se presentó al empleado del banco como la persona que intentaba ayudar a la víctima en las gestiones bancarias que iba a realizar, a fin de sacar todo el dinero de su cuenta.

La víctima, que se encontraba a unos metros de distancia cuando el acusado y el empleado del banco estaban hablando, finalmente se acercó asintiendo, "presa del miedo a lo que les pudiera suceder a su esposa y su hija", y firmó la documentación necesaria para sacar los 7.850 euros que tenía ahorrado.

El acusado se guardó el dinero en el bolsillo y, ya en la calle, devolvió las llaves de la vivienda al anciano, que pudo liberar a su mujer y a su hija. Esta vivencia ha provocado padecimientos de ansiedad y psíquicos en todos ellos.

El fiscal atribuye al acusado delitos de hurto, robo con violencia, detención ilegal y de lesiones psíquicas, por el que solicita para él casi veinte años de cárcel y la prohibición de aproximarse al domicilio y a las víctimas a menos de 300 metros.

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