Inés Plana
La escritrora Inés Plana, durante la entrevista ELENA BUENAVISTA

La periodista zaragozana Inés Plana (Barbastro, 1959), actualmente directora de la revista Vivir bien, ha hecho el viaje entero, no se ha saltado ni una estación: mandó el manuscrito a una editorial, un lector lo leyó, el lector llamó impresionado a la editora, y sonó la campana.

La escritora, porque ella siempre ha escrito ("desde muy pequeña era lo que me gustaba"), se propuso 'vender' su primera novela y sin contactos. Lo hizo a la antigua usanza, que es como ya casi nadie lo hace. Ni representante ni amigos ni enchufes. Un sobre y dentro la obra a la que ha dedicado los últimos cinco años.

La contestación fue tan entusiasta que a la propia autora le costaba creerlo. Morir no es lo que más duele sería publicado por Espasa (de Planeta) y a lo grande, con una tirada similar o mayor a la de los premios. El día ha llegado: 9 de enero, a la venta en librerías.

Tanta es la fe de los editores de esta novela negra, realista, social y feminista, como su autora, que es esta la gran apuesta del año.

Cuesta creer que esta sea la primera novela que escribe, hay una madurez que no parece de primera obra...
Pues no había escrito nada que se pueda considerar novela. Cuando llegué a Madrid, en 1982, tras acabar la carrera, escribí guiones de cine, pero no novela. Fue hace seis años cuando empecé a tramar esta historia y dije: me voy a atrever.

La mayoría de las mujeres hemos sufrido un acoso o una intimidación¿Cómo nació?
Cuando iba en un tren y vi un ahorcado en un árbol. Empecé a dar vueltas sobre cómo había llegado a eso. Luego elegí a un guardia civil para que lo investigara.

¿Y la agónica Sara?, ¿de dónde procede ese personaje?
Es el que más me ha costado, por sus bandazos emocionales y psicológicos. Es la devastación de lo que le ha pasado, hay gente que lo puede superar y gente que no (no cuento el qué por no hacer 'spoiler'). Quería mostrar el día después. La mayoría tienen un estrés postraumático impresionante y ahí me metí.

¿Se documentó?
Bueno, para esto no hacía falta. Ser mujer me hace empatizar con esto, y yo no lo he vivido pero la mayoría de las mujeres hemos sufrido un acoso o una intimidación. Sabes cómo te sientes.

"Yo también vivo solo", dice el forense, "y tampoco tengo amigos", en defensa de una mujer...
Exacto, es que eso mismo, pero en una mujer, la hace parecer rara. Y en esta época de hiperconexión es normal tanta soledad.

Se le nota el feminismo...
Es que soy feminista y eso está en el libro. Creo que el feminismo se lleva en el corazón y hay que verlo desde esa perspectiva. No te fíes de nadie que te llame princesa. Es horrible, igual que cuando te llamen nena. Ese amor desmedido de posesión y esa sobreprotección es muy de los futuros maltratadores. Mi madre, que ha fallecido hace unos meses, fue la que me enseñó a ser independiente, la que siempre me dijo: tú siempre ten tu independencia económica, hagas lo que hagas. Ella ya estudió una carrera cuando las mujeres apenas iban a la universidad.

¿A veces la precariedad es zona de confort?
Sí, y ahí lo plasmo. A veces ocurre en la vida. Teniendo opciones de salir, la vida muchas veces no es así. También Adelaida es la mujer que todas, al menos yo, querríamos ser: independientes, decididas, capaces de poner firme a cualquiera.

Cuando terminó, ¿dudó en presentarlo?
No, pero pensé: ahora viene lo peor, hay que venderla. Y tuve mucha suerte, se hizo la magia. La editora antes de acabar de leerlo me llamó y me dijo: vente, que vamos a publicarla. Y eso es magia, porque no es algo que pase.

¿Era consciente de que había escrito una novela que sería una gran apuesta editorial?
No, pensé que era una novela con la que yo estaba satisfecha. La duda era si gustaría a la gente, si le interesaría. Que Espasa se entusiasmara así ha sido de los grandes momentos felices de mi vida.

Si alguien se identifica con sus personajes: ¿objetivo cumplido?
Sí, será un regalo. Para mí que sean de carne y hueso es fundamental. He vivido con ellos cinco años. Me atraía contar cómo el destino nos puede retorcer en un minuto todo, cómo puede cambiar todo y enfrentarnos a eso que nos ha impuesto el destino.

Es que la vida es eso, ¿no?
Sí, nos da mucha satisfacción ver un final feliz en una película, pero la realidad es la que es y no todo puede ser buenísimo. Hay que repartir cartas como se pueda.

No todo puede ser buenísimo en la vida; así que hay que repartir cartas como se puedaY ese concepto buenista y feliz nos ha machacado.
Nos ha aplastado mucho más de lo que ya estamos. Es irreal: ni la vida ni el amor son así. En España, creo, se denuncia una violación de cada seis, pero es que hay que tener en cuenta que el calvario judicial es tremendo. Y encima eres cuestionada. Además de víctima. Sería terrible tener que enfrentarse a eso. Si hubiera seguridad de que vas a estar arropado... Entiendo que algunas se lo guarden, pero eso nos perjudica a todos.

En Sara tiene un precio y lo deja usted claro...
Son mujeres marcadas para toda la vida. Tiene 40 años pero es como una niña. No creció. Se detuvo en un momento y para mí durante toda la novela es una niña.

¿Planes, próxima novela?
Sí, ya estoy con otra, pero la vida me ha enseñado a hacer pocos planes y a vivir el presente.

La aparente sencillez de su novela ¿cómo de complicado ha sido lograrla?
Mucho. Siempre he pensado que lo más difícil es escribir sencillo lo más complejo. Es muy de nuestra profesión, periodismo, abarrocar los textos, usar términos complejos... También te digo que he estado 8 meses depurando y corrigiendo.

¿Se ha tenido que sujetar mucho las emociones para escribir?
Sí, mucho, y no juzgar demasiado, dejar que el lector sea quien tenga su propio juicio.