El acusado, en fechas no concretadas pero en todo caso desde finales de junio del año 2016, era el propietario de una perra adulta, raza pit-bull, color canela. El animal se encontraba en el interior de una finca en la localidad de Piedrallasa, Trubia, en una caseta en ruinas con el suelo lleno de cascotes, bordes afilados y objetos salientes.

El animal se encontraba "abandonado a su suerte" ya que el acusado, por motivos que se desconocen, cesó voluntariamente de atenderla en sus necesidades básicas, tales como proporcionarle agua y comida.

La perra vivía entre heces abundantes y sin acceso a agua, lo que le provocó una merma física importante, estaba desnutrida, se le veían todos los huesos y tenía múltiples úlceras provocadas por su extrema delgadez y por estar tirada sobre cemento.

Esta situación provocó que el día 2 de diciembre de 2016, a instancias de un particular, interviniese la Policía Local de Oviedo, que llevó al animal a una clínica veterinaria donde fue atendida de sarna sarcóptica y de su estado general, llegando a recuperarse gracias a los tratamientos y cuidados recibidos.

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