Chicas que se abren paso sobre ruedas
Skategirls practicando en la plaza del Macba (Hugo Fernández).

Dos chicas calzadas con bambas de la vieja escuela y con las manos en los bolsillos se abren camino sobre ruedas. Una lleva la cara lavada y la otra la mira con los ojos envueltos en eyeliner. Son Joana Reyes, de 17 años, y Marina Colomer, de 16, dos de las skategirls que están proliferando en Barcelona. Ninguna lleva falda ("no es práctico") y parecen más interesadas en experimentar el vértigo que produce un halfpipe (una rampa en forma de U) que el de unos tacones.

Cuentan que no les gusta ser etiquetadas como skategirls, pero tanto sus aficiones como su indumentaria las delatan. Son chicas que lucen orgullosas morados en las rodillas y que ocupan su tiempo libre en el manejo del skate.

"Una razón para reunirse"

Joana habla de mucha dedicación y de toda una cultura alrededor del monopatín. En cuanto a la ropa, Marina habla de marcas que estereotipan a las skategirls y que las enfundan en sudaderas rosas que, además, les parecen "carísimas". Marina cuenta que la primera vez que subió a un monopatín tenía 11 años. Se lo regaló su madre por Navidad. Joana entró a través de la música que escuchaba su hermano.

Pero, ¿Por qué el skate? Marina se refiere a "una razón para reunirse y hacer algo que a todos nos apasiona". Y Joana añade: "practicar supone una desconexión total de los problemas" del día a día. Antes eran las únicas chicas en su grupo, pero ahora ya son cinco. "Mucho mejor, los tíos son monotemáticos", dicen riendo y se despiden –cómo no– deslizándose por la plaza del Macba como Pedro por su casa.