bodeguilla
Los operarios cargan los enseres familiares, mientras el bar todavía permanece abierto. PABLO ELÍAS

La Bodeguilla de Pedro, por muchos que se traslade a otro local, nunca volverá a ser la misma.

Un camión de mudanzas anunciaba ayer que el cierre es inminente, «no sé si será dentro de dos días o en dos semanas, pero vamos, que no terminaremos aquí el año», afirma Jorge, el actual propietario e hijo del fundador de la Bodeguilla, Pedro.

Es la única construcción que permanece en pie en el entorno del plan parcial Los Vivero, donde ya están empezando a urbanizar y se prevé la construcción de unas 800 viviendas.

Los últimos garrafones

«Hemos vendido millones de litros de vino», asegura Jorge. Porque es uno de los pocos establecimientos de la ciudad en el que te servían el vino para llevar en tu propio garrafón.

Nunca faltaron los cacahuetes, y el olor característico sigue siendo el de la vinagre de las cebolletas y pepinillos que, a día de hoy, continúan sirviendo para acompañar el chato o la caña.

Varias generaciones han disfrutado de la bodeguilla y no es raro ver cómo los abuelos comparten mesa con jóvenes que se toman allí sus jaulas de cerveza.

Los propietarios aseguran que les duele, «se nos acabó la terraza en verano, que era una maravilla», dicen. En el nuevo negocio, en el barrio de San Pedro, continuarán atendiendo a los clientes de siempre, que también sufren. Otro mito echa el cierre.